La historia de los pósters de cine se mueve al revés. Es decir, que en ella Leonardo nació después de Picasso o, lo que es lo mismo, que Drew Struzan (con su colorido y su hiperrealismo) llegó después de Saul Bass (1920-1996) El diseñador de títulos de crédito habitual de Alfred Hitchcock también fue un cartelista prodigioso, capaz de describir una película entera a base de colores planos, formas geométricas y un enorme cuidado por las tipografías. El arte de Saul Bass, fracturado y casi cubista a veces, es un hijo modélico del modernismo post-II Guerra Mundial, bordeando muchas veces la abstracción sin perder un sentido comercial y cool que habría encantado a Don Draper.
Algo ninguneado, pero nunca olvidado, por el paso del tiempo, Saul Bass tiene ya un libro dedicado a recopilar su obra. Se titula Saul Bass: A Life In Film And Design ("Una vida de cine y diseños"), lo edita la compañía británica Laurence King Publishing, y en él se repasa a fondo la obra de un señor que se movió (casi) siempre con lo mejor de cada casa, creando grafismos inolvidables para Hitchcock y Otto Preminger primero, y haciéndose amigo después de un Martin Scorsese para el que diseñó las intros de Uno de los nuestros, La edad de la inocencia, El cabo del miedo y de Casino, su último trabajo. En este especial, nosotros te ofrecemos una antología con los mejores pósters incluídos en el volumen: míralos fijamente, porque son más certeros y más implacables que la madre de Norman Bates.



































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