Cine para recordar de dónde venimos. Hasta que los sheiks del fútbol han logrado que el Manchester City vuelva a competir de igual a igual con el todopoderoso Manchester United en su ciudad y con el resto de grandes de la Premier League, el equipo blue tuvo que pasar una travesía por el desierto de los perdedores que, sin embargo, le permitió labrarse una imagen muy cinematográfica de Loser que guarda su dignidad como un preciado tesoro frente a la invasión mercadotécnica del odioso fútbol moderno. Ahora que el Manchester City ya es un club más con vocación universal y millones de libras esterlinas para fichajes, ahora que visita el Santiago Bernabéu en Champions League por vez primera en la historia convertido en un nuevo rico, es un buen momento para recordar que el cine prefirió esa otra imagen de club modesto que pelea por su identidad. Fue en la película El sueño de Jimmy Grimble (There’s Only One Jimmy Grimble, 2000), filme dirigido por John Hay, destrozado por la crítica en su momento a pesar de su extraordinario reparto (Ray Winstone, Gina McKee y Robert Carlyle –un adicto a los detalles futboleros en toda su filmografía, de Full Monty a Go Now–), pero que tiene un extraño encanto quizá sólo al alcance de los futbolerocinéfilos. Y eso que las escenas de fútbol propiamente dichas son, digámoslo claramente, un auténtico desastre que trataremos de achacar para no hacer sangre a la propuesta de cine infantil de la película.
El sueño del pequeño protagonista (el actor Lewis McKenzie, que sólo volvió a trabajar en el cine en el filme Capone’s Boys, dos años más tarde) es, por supuesto, llegar a ser futbolista, pero le falta confianza en sí mismo, algo que no conseguirá hasta que el personaje de Robert Carlyle, un ex futbolista del City caído en desgracia (y en el alcohol), le echa una mano con unas botas que parecen destilar magia, pero sólo tienen cantidades industriales de ilusión. La película es a la vez un homenaje (y no parece del todo casual) a la casa del Manchester City durante 80 años (desde 1923 a 2003, hoy juegan en el Etihad Stadium, antes City of Manchester Stadium): Maine Road, el estadio donde se cumplen todos los sueños del bueno de Jimmy, el colofón a una película de lágrima fácil para los que dormimos con un balón.

[Robert Carlyle y Lewis MacKenzie, en Maine Road. El sueño de Jimmy Grimble, cumplido]
No acaba aquí la lustrosa presencia del Manchester City en la gran pantalla. Dos icónicos futbolistas azules participaron en el rodaje de la más mítica película de fútbol de la historia. Un 2-0 claro frente a su eterno rival, el United, que no tiene ningún representante en la gloriosa Evasión o victoria.
Mike Summerbee, hoy representante del club en las grandes ocasiones, conocido como el George Best de Maine Road por su carácter y por su amistad (tenían negocios juntos) con el mítico melenudo norirlandés, es un icono del Manchester City de los sesenta y los setenta. Extremo derecho, fue campeón de Liga, Copa y Recopa y ocho veces internacional por Inglaterra (muchas menos de las que merecía). Un año después de retirarse del fútbol en el Stockport County llegó al rodaje de Evasión o victoria de la mano de su gran amigo (y rival del West Ham y el Fulham) Bobby Moore. Aquellas cinco semanas en Budapest fueron para ellos como una concentración de la selección inglesa, aunque nadie fue a recogerlos al aeropuerto. Allí sólo conocían a Pelé. La experiencia de Summerbee, aparte de los gin-tonics, de su mítica resistencia a la huída en el túnel del descanso del partido y de que casi le provoca el divorcio de su esposa (la visita de Allegra Huston, la hija del director John Huston a casa de los Summerbee tiempo después, destapó algunos secretillos que no le había contado a su mujer), fue extraordinaria. Tanto es así que la empresa de camisas a medida que montó al retirarse del fútbol es la que ha vestido a Michael Caine desde entonces.

[Mike Summerbee, de blue, en acción por su banda, la derecha]
El otro futbolista blue que participó en el filme fue el jugadorazo polaco Kazimierz Deyna, el 10 de aquella selección polaca que asombró al mundo en los setenta, y uno de los pocos futbolistas del este de Europa que pudo salir a jugar a las grandes ligas occidentales. Fichado por el Manchester City al Legia de Varsovia a cambio de unas medicinas, una fotocopiadora y un puñado de dólares, Deyna tenía que parecer mucho más demacrado aún que los demás futbolistas profesionales, puesto que interpretaba a uno de los prisioneros del Este, lo más maltratados por los nazis, salvados in extremis por el teniente Colby (Michael Caine).

[Deyna celebra un tanto en el viejo Maine Road]
Nada más llegar al primer día de rodaje, se lo llevaron a maquillaje, así, jornada tras jornada, una hora de trabajo en su rostro que iba cambiando su aspecto según el plan de rodaje. La desgracia se cebó con Deyna, que un año después de rodar Evasión o victoria fichó por el fútbol norteamericano (los San Diego Sockers, de la NASL) y cayó en el alcohol tras quedarse en EE UU a vivir. Falleció allí en 1989 en un accidente de automóvil. Tenía 41 años.
Hoy que el Manchester City alterna con los grandes, es bonito recordar que ya había llegado a lo más alto del cine futbolero, que tal vez los jeques no lo puedan todo.

[Summerbee y Deyna, de pie, tercero y sexto por la izquierda respectivamente]
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2 comentarios
luis 18.09.2012 / 21:44 Muy buenos detalles
luis 18.09.2012 / 21:44 Muy buenos detalles