Digámoslo ya: Glee es un fenómeno de fans. Y sólo puede ser comprendido, con sus virtudes y sus defectos, poniéndose en la piel de esa chavalería que lo mismo se ata al cuello una corbata a rayas del McKinley que menea los pompones mientras suena Don't Stop Believin.
Como su himno-versión (casi) generacional, los productores de la serie Glee no se han puesto barreras. Con la crítica (cuatro Emmy y tres Globos de Oro) y, sobre todo, el público en el bolsillo parecía de lo más natural exportar el fenómeno, no sólo con el reality Glee Project (un American Idol para gleemaniacos), sino sobre esos escenarios que estos losers de sonrisa perenne tanto ansían pisar.
En su reciente Glee Tour celebrado en Londres, al que CINEMANÍA fue invitado con otros periodistas, los catorce protagonistas adolescentes lograron transmitir el sencillo pero eficaz mensaje: si quieres, puedes. "Sólo quiero pertenecer", se escucha en la serie. Y eso es lo que sus seguidores corean con entusiasmo. Estar allí, junto a los Glee, supone el 50 por ciento de satisfacción para una generación cuyos ídolos (no lo olvidemos) son Justin Bieber y Miley Cyrus. Personajes que se confunden con el artista. Así son los Glee: anónimos chavales entusiastas convertidos en estrellas de la noche a la mañana. Como en la ficción, viendo cumplir su sueño de conseguir el éxito.
Pretendiendo huir de High School Musical, Glee se ha acercado peligrosamente cada vez más al fenómeno Disney. Y así vemos sobre el escenario una sucesión de números musicales sin conexión alguna en los que, a excepción del vozarrón de Amber Riley, una fuera de serie, los chicos contrarrestan su impericia arropándose unos a otros, como un auténtico equipo. Y ése es el as en la manga (virtud y defecto, recordemos) de esta superproducción: seguir a pies juntillas el esquema de la serie. Para bien y para mal, todo es previsible. A mí me gusta ver en directo cómo Heather Morris se deja la piel en el pellejo emulando a Britney Spears (transmite como ninguno el enorme esfuerzo físico en algunas coreografías, que para eso fue bailarina) pero me cansa descubrir, one more time, los sueños de diva a lo Barbra Streisand de Lea Michele. Los únicos guiños sorprendentes son ese pico entre las dos lesbianas o esa pedida de mano entre la pareja gay (Darren Criss es otra de mis debilidades #yoconfieso) o esos cambios de escenario (¿por dónde saldrán?) o si veremos al chico en silla de ruedas ponerse en pie.
Pero a los Gleeks esto les importa bien poco. El final de la segunda temporada, cuyo último episodio emitirá mañana en España el canal FOX, abre un debate entre los espectadores a raiz de una audición para los campeonatos nacionales. Qué se necesita para triunfar, se preguntan los guionistas. ¿Construir un número en torno a los mejores intérpretes o ser un equipo y trabajar todos juntos? La respuesta, tanto en la ficción de la serie como en la realidad sobre el escenario del Glee Tour, es la misma: hacer piña. Ése es el secreto. ¿Y eso es suficiente? Un diálogo del final de esta temporada se convierte en una inesperada declaración de principios. "No eres una estrella, eres sólo una chica que puede cantar", le dice el perfeccionista Jessie St. James a Mercedes, la del vozarrón. A lo que ella contesta: "Siento lo que tengo y canto con emoción". Esto, señores, es Glee.
1 comentario
juanifernandez123 06.07.2011 / 15:41 glee tiene muchos cambios para la tercera temporada. enterate de todos ellos en www.thescreeners.com.ar
Lolailo 05.07.2011 / 11:05 Me encanta tu blog, no es la primera vez que lo leo y me parece bastante interesante y ante todo respetuoso, además así me voy enterando de cosillas que no puedo encontrar en pág. oficiales ni nada....sabes dónde puedo descargar la 2º temporada de Glee en español? los dos o tres últimos capítulos los tengo en inglés... Sigue escribiendo así! :)