Como una tarta Royal. De esas que vienen prefabricadas con sus ingredientes separados en bolsitas de albal. Sabes que son artificiales y que no podrías comerte la galleta por un lado y la gelatina por el otro porque pertenecen al oscuro mundo de los sucedáneos alimenticios. Sabes que son tartas de mentira pero aún así te rechiflan. Lo mismo sucede con Criadas y señoras, tan hollywoodiense que casi puedes ver los giros de guión, las partituras de Thomas Newman y los arquetipos de buenos y malos (de buenas y malas, mejor dicho), sobreimpresos en la pantalla.
Es obvia la manera en la que Tate Taylor ha convertido el bestseller de Kathryn Stockett en un producto cien por cien mainstream que es tan mentiroso como perfecto. Todo en Criadas y señoras está medido al milímetro, empezando por la resolutiva Emma Stone, mitad Erin Brockovich mitad hilo conductor para sumergir al espectador en esta revisión de la lucha por los derechos civiles de los años 60 a través de la relación de las mujeres negras (criadas) y las (señoras) blancas. También el resto del reparto (coral y enteramente femenino) con Viola Davis clamando al Oscar, Bryce Dallas Howard haciendo de genial mala malísima y Jessica Chastain (otra vez Jessica Chastain) acertando en un nuevo registro como una Marilyn pizpireta. Todo es armonioso en el filme que dará a conocer a Tate Taylor (Pretty Ugly People), desde la ambientación en los años 60, las medidas dosis de drama y comedia, y el mensaje en pro de la injusticia social siempre acechando de fondo. No es de extrañar que el filme fuese un absoluto éxito de taquilla en EE UU ni que tal vez lo sea en España y que los espectadores ni reparen en las dos horas y media que dura y que lloren (mucho) y que rían cuando los guionistas han decidido que tienen que hacerlo.
Criadas y señoras busca intencionadamente emocionar y lo consigue. Otra cosa es que sea una película más o menos auténtica (para auténtica la manera en la que abordó el mismo tema, criadas vs. señoras, la documentalista Virginia García del Pino en Hágase tu voluntad), que sea un producto de mentira pero que aún así nos encante como, qué demonios, las tartas Royal.
ANDREA G. BERMEJO
1 comentario
Ringo Kid 05.02.2012 / 23:51 Llamarme blando, pero este largometraje a mí personalmente en algunos momentos me ha tocado la fibra sensible, y cuando un largometraje te hace sentir algo es por qué algo están haciendo bien, quizás se le puede calificar de melodramático, de buscar la lágrima fácil, pero por lo menos no sales con la sensación de vació, la sensación de haber pagado siete euros por nada. También se le puede acusar de poner exageradamente tontas a las señoras y de personas de fuerte carácter a las criadas. Igualmente se podían haber tratado con más profundidad los temas de la época, como la revolución de Martin Luther King, el ku-kux-clan o el asesinato de Kennedy. Tampoco se toca el tema de los criados varones, a excepción del jardinero de la protagonista. Seguramente por qué en el libro en el que se basa no se toquen esos temas, sinceramente no lo sé, no me he leído el libro. En cuanto a las actuaciones, correcta y moderada la interpretación del reparto de color, y demasiada sobreactuada la interpretación del resto del elenco femenino, a excepción de la protagonista Emma Stone. Mención especial merece la banda sonora, con una variedad de temas de la época. A las alturas que escribo esta crítica, ya estará en pocas salas, quizás se pueda ver en alguna sala de reestreno y próximamente en DVD, y los amantes de este tipo de cine ya habrán podido verla y sacar sus conclusiones, pero si todavía queda alguno que no, la recomiendo y le recomiendo que vaya sin prejuicios de ir a ver una peli de chicas para chicas, que peores tostones os habréis tragado.