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Lunes, 21 de Mayo de 2012
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Críticas

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Melancolía

04.11.2011

El final del mundo como sólo un visionario podía imaginarlo: en una boda con Kirsten Dunst de novia.

melancolia

¿Cómo será el último presente antes del fin del futuro? Con la cámara lenta y las oscuridades animales de Anticristo (Lars von Trier, 2009), el prólogo de Melancolía sitúa en ese instante a los asistentes a una boda. Justine (Kirsten Dunst), la novia del enlace, profetiza en sueños el apocalipsis de un ritual casamentero, de unas existencias y del (puto) mundo que los concibió a todos. Regresando a sí mismo y al cruce de géneros con humanos de fondo, el cineasta danés encierra a una familia dentro de un protocolo y observa la forma en que ellos y sus contradicciones lo corroen poco a poco. Ahí se gesta el lema del primer capítulo del filme, protagonizado por una soberbia, contenidísima (y premiada en Cannes) Dunst. Pide Von Trier: agitemos los automatismos sociales (reunidos en esa frase que le dirige Kiefer Sutherland a la recién desposada, “deberías ser jodidamente feliz”) hasta el sinsentido y, por tanto, hasta su destrucción. Termina la boda, termina ella con su marido, con su madre, con su padre, con su jefe, con su cuñado y parece que lo único que le queda es, como cantaban Los Ilegales de Jorge Martínez, el agotamiento de esperar el fin.

Cansada, desnuda y excitada por esa muerte que enterrará a la Tierra; así celebra Von Trier a su heroína melancólica en la segunda parte, para que vivamos su clímax anticlimático al lado de su racional hermana Claire (maravillosa Charlotte Gainsbourg). Sin rescates imposibles de megaproducción norteamericana, el choque planetario es anunciado desde el inicio pero el director lo mantiene soterrado bajo un inquietante segundo plano que se abre camino a través de una lente de telescopio o unos alambres mal engarzados. Abrumadora demostración de talento, las dialécticas de Melancolía brillan a lo largo de dos horas y desafían a sus propios planteamientos de partida, al arrancar Von Trier su película despreciando un rito y al cerrarla utilizando otro como tabla de salvación. Una cueva mágica donde confortar a un niño, con su cómo entrar, cómo sentarse o “cómo abrazarse”, acaba por proporcionar coherencia funeraria a la Nada que se avecina. 

EDUARDO GALÁN

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CODY JARRET

CODY JARRET 06.11.2011 / 17:11 Fundido a negro Cuando se acaba, se acaba, no hay más, solo oscuridad, y quizá ni esto. Mi opinión en mi blog http://lacomunidad.elpais.com/codyjarret/2011/11/6/melancolia-2011-lars-von-trier

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