El cine argentino ha sabido construirse un pequeño departamentito, una realidad paralela inteligente, una cara B autorreflexiva y a veces paródica de la vida que casi siempre funciona. También aquí, en este retrato generacional sobre la incomunicación de la generación online. Lástima que, entre tanto gadget sentimental, el referente último de este filme acabe siendo ¿Dónde está Wally?, porque el debutante Gustavo Taretto tiene ideas para dar y regalar. Aunque quizá sea ése el problema, además del jersey a rayas rojas del protagonista. Demasiadas cosas por contar.
Ejercicio literario para voz en off al que se le añade con gracia el estilo de (500) días juntos (aunque separados) y las referencias culturales de un completo magazine de estilo de vida urbano (de Woody Allen a Atrapado en el tiempo, pasando por el cine francés, Magritte, Star Wars y la web), la mezcla de un buen texto con unas buenas imágenes se convierte en la mejor fórmula de las buenas intenciones. Pero el cociente no acaba de dar el salto de película amable a obra única. Y eso que es muy interesante que la frontera del carisma sea tan difusa entre los personajes principales (Javier Drolas y una Pilar López de Ayala que se atreve con el acento porteño) y los comparsas que aparecen por sus vidas. Ellos, los protagonistas, crecidos entre las irregularidades éticas y estéticas de los que construyeron su país y el mundo (son espléndidas las notas y los planos arquitectónicos), no son más listos que los demás, aunque lo parezcan. Por eso les vale con cantar el Ain’t No Mountain High Enough, de Marvin Gaye delante de una cámara y colgarlo en YouTube para ser felices.
CARLOS MARAÑÓN
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