El momento es perfecto. Con la crisis ahogándonos y amargándonos, tal y como pasaba en los cutres años 50, lo mejor que podemos hacer es reírnos. Pero de verdad, sin pudores, ni remilgos. Reírnos de la muerte, de nuestra tradición de cotillas, de nuestra obsesión con el qué dirán, hablar de sexo y de heces sin recato… Todo junto. Como es natural. Es decir, lo mejor que podemos hacer es revisar y recuperar al gran Rafael Azcona y su humor tosco y fino a partes iguales para (re)aprender a mofarnos de todas nuestras miserias, que son muchas. Por eso se agradece que José Luis García Sánchez, David Trueba y Juan Gona decidieran homenajear al maestro logroñés, adaptar su novela homónima y terminar el guión que el propio Azcona había empezado.
También se agradece que el tributo fuera completo, esto es, que rodaran la película en blanco y negro, con el sonido doblado a posteriori, tal y como se hacía en los 50, como si Los muertos no se tocan, nene se hubiera terminado después de El cochecito y El pisito, a las que cerraba como trilogía. El problema es que tanto se han cuidado estos detalles, tanto se han querido ajustar a una época, que la película no funciona mucho más allá que para lo que había nacido, un mero homenaje, una rara avis que seguro habría gustado a Azcona, a pesar de que queda demostrado que nadie como él para reírse hasta de lo bien que viene un abuelo moribundo.
IRENE CRESPO
[Nota: Los muertos no se tocan, nene se estrena viernes 18 de noviembre SÓLO en Sevilla, Málaga, Córdoba y Granada. El 25 de noviembre en Asturias, La Rioja, Toledo, Ciudad Real y Cuenca]
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