En una de las escenas de la imprescindible (e inédita en España) Religulous (Larry Charles, 2008), un humano ultrarreligioso le dice al cómico Bill Maher que es muy fácil comprender la Santísima Trinidad. Este tripartito celestial, razona el señor, funciona como el agua: a veces se presenta en forma líquida, a veces en forma de hielo y a veces en forma de vapor, pero siempre mantiene su materia prima. Durante Premonición, de Gilles Bourdos, también se tira de una analogía de semejante calado, aunque con tonalidad más grave. La muerte, revela el protagonista a su hija, es un barco que desaparece en el horizonte; por mucho que lo hayamos perdido de vista, el navío sigue ahí.
Con similares lógicas peregrinas (y validísimas en la ficción) se arma esta coproducción para contar la historia de un abogado (Romain Duris) que se topa con un médico (John Malkovich) capaz de predecir la muerte de cualquiera mediante una socorrida aura blanca. Atrincherada en su narrativa de impacto (ese brutal atropello del arranque), a pesar de que las intenciones de Bourdos pongan su objetivo en metrajes de superior calidad, la supuesta hondura de su filosofía sólo nos sirve para añorar otras aproximaciones lúdicas a estas lindezas adivinatorias (Destino final). Porque si pensamos Premonición más allá de sus pedanterías de partida, sus sorpresas finales y sus obviedades (duele especialmente su desconocimiento de la elipsis), permanece el solvente trabajo de Romain Duris, empeñado en esa inconsciencia, como el obstinado letrado al que interpreta, de salvar lo inevitable.
EDUARDO GALÁN
1 comentario
frantuas 27.11.2011 / 11:58 la vi aller y fui incapaz de terminarla es soporifera,