En las comedias francesas –nótese que hablo de comedias, no de memeces– casi siempre hay algo que rescatar del olvido. Alguna ocurrencia, algún plano habitado de verdad, un retrato fugaz teñido de desencanto. Los nombres del amor es paradigmática de este afán espigador que habita en todo cinéfilo de buena fe. Un solterón de 40 y tantos conoce a una joven hippy cuyo empeño principal en la vida es convertir fachas en progres a través del sexo. Simpático punto de partida para esta comedia de Michel Leclerc, de humor algo destartalado y definitivamente naif, pero aderezada con algunos chistes inspirados y una festiva concepción del gag. Tiene golpes de ingenio –los padres de los dos protagonistas, varios diálogos chispeantes– que te permiten esbozar una sonrisa pero los combina con fragmentos más discursivos y me temo que bastante plastas. Leclerc se cachondea a gusto de las zarandajas políticamente correctas que infestan hoy en día nuestra concepción de las relaciones afectivas, aunque al final –ay– la propia película termine siendo ella misma más políticamente correcta que otra cosa. Al lado del pescado hervido en que se ha convertido Jacques Gamblin, celebramos el desparpajo de Sara Forestier, actriz dotada de un ángel especial, capaz de soltar las réplicas como puñales y comerse literalmente con patatas a su sosísimo partenaire.?
TONI VALL
1 comentario
SergioCasas 21.04.2012 / 12:13 Muy de acuerdo con esto: Los nombres del amor es paradigmática de este afán espigador que habita en todo cinéfilo de buena fe. Un solterón de 40 y tantos conoce a una joven hippy cuyo empeño principal en la vida es convertir fachas en progres a través del sexo. un saludo. casas prefabricadas