Pese a aquejar obviedad temática, personajes simplones y una insensibilidad cultural cercana a la xenofobia, El rey león (1994) también se reveló en su día como una de las obras más inventivas y hermosas de Disney. También como una animación excepcionalmente adulta, gracias a su ritmo pausado, su intensa violencia, sus reflexiones sobre la culpa y la redención y sus influencias –La Biblia y Hamlet–. Ahora, la conversión a 3D no sólo no degrada esas virtudes, sino que sus escenas más exuberantes se enriquecen con la profundidad de campo adicional, y algunas perspectivas casi parecen concebidas con la tercera dimensión en mente.
NANDO SALVÁ
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