De Edgar Allan Poe a Richard Matheson, de Lovecraft a Stephen King, de Clive Barker a Koji Suzuki, infinidad de enfermos de la literatura de terror han dejado poso purulento en el género que han contribuido decisivamente a engrandecer. Entre sus propias obras y guiones, entre los directores que los han adaptado al cine y entre la infinidad de acólitos y plagiadores que han vampirizado sus logros, ha sedimentado una tradición de relaciones muy promiscuas. Ver hoy en día una peli como The Collector significa activar en el subconsciente un sinfín de interruptores, de lucecitas más o menos centelleantes que van guiñándote el ojo y pellizcándote cuando les viene en gana. Si a ello le añadimos que los guionistas de la saga Saw andan en el meollo, el mejunje es atronador. The Collector es, en fin, un pastiche, un alambicado y bastante divertido despropósito basado en la famosa premisa del cazador cazado. Léase, ladrón que entra en casa para desvalijarla y descubre que se le han adelantado. El intríngulis es que quien se le ha adelantado es bastante más cabrón que él. Resultado: el ladrón se convierte en héroe.
No he citado por capricho los insignes nombres que encabezan esta crítica, pues detrás de su frívola apariencia, de su sucesión de cuchufletas malrollistas, Marcus Dunstan impregna su juguete de matices más serios de lo que aparenta el artificio. Termina uno un poco hasta el gorro de trampas y giros cogidos con pinzas pero el grand guignol está servido con espíritu clásico, con genuino arte de connaissseur. Por todo ello, y porque dos o tres veces te partes de risa, The Collector es una chorrada bastante disfrutable.
TONI VALL
0 comentarios