Un actor, con su mera presencia en pantalla, puede arrastrarte al cine. Se me ocurren algunos ejemplos a vuelapluma: Sean Connery, Michael Caine, Naomi Watts, Michael Fassbender, De Niro, Sharon Stone… Disfrutar de su magnetismo, de su variopinto atractivo, de su potencia expresiva, puede ser motivo más que suficiente para que a uno le apetezca degustar la película en cuestión. Ahora bien, esta pasión personalista nada tiene que ver con aquellas películas cuya existencia se sustenta sólo en el trabajo concreto de su actor protagonista. Espero que quede clara la diferencia de casuísticas que me esfuerzo en exponer y de cuyo segundo caso son ejemplos clarísimos La Dama de Hierro y la película que ahora nos ocupa: Albert Nobbs. Desde que me enteré de su existencia, parecía haber un solo motivo de interés en ella: Glenn Close dando vida a un hombre, el trabajador de un hotel, discreto y apocado que se desvive por su trabajo. Y sí, efectivamente, Albert Nobbs es muy poco más que Glenn Close, de la misma manera que La Dama de Hierro es casi nada más que Meryl Streep. Rodrigo García ha dirigido una película con alma y ejecución de telefilme, cuya historia se sustenta sobre una improbabilidad flagrante bastante mal resuelta tanto en el guión como en la puesta en escena. Y lamento decirlo tan claramente pero no hay manera humana de tragarse la credulidad de todos los personajes ante el/la protagonista y eso me temo que es un problema. Puede uno abogar por la licencia poética o la zarandaja que le apetezca pero el resultado es el que es: todo el rato vemos en pantalla a Glenn Close vestida y maquillada de hombre, nunca vemos al tal Albert Nobbs.
TONI VALL
2 comentarios
SergioCasas 10.04.2012 / 18:56 Compeltamente de acuerdo: Puede uno abogar por la licencia poética o la zarandaja que le apetezca pero el resultado es el que es: todo el rato vemos en pantalla a Glenn Close vestida y maquillada de hombre, nunca vemos al tal Albert Nobbs. un saludo. casas de madera
Maquico 19.03.2012 / 11:58 la dama de hierro no me acabo de convencer, se me hizo demasiado pesada. maquinas de coser