Resulta que no era sólo contra Franco: contra el socialismo orgánico también vivíamos mejor. En su peculiar forma de adaptar la memoria histórica al gran público, una parte del cine ha superado con desdén el género político y ha reinventado el melodrama nostálgico. Más cerca de Cuéntame (y hasta de Verano azul) y de Good Bye, Lenin que del nuevo cine rumano, pero con gusto para combinar la realidad y los sueños de libertad, este nuevo ejemplo polaco de despertar juvenil relata con encanto esa ligera morriña por la (resistencia a la) tiranía. Y además tiene el mérito de hablar de Solidaridad sin tirar del bigote de Lech Walesa.
CARLOS MARAÑÓN
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