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Lunes, 21 de Mayo de 2012
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Críticas

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Los idus de marzo

09.03.2012

George Clooney apuñala con clase a su propio candidato

los idus de marzo

George Clooney sigue siendo el mismo, pero el mes de marzo ha cambiado mucho. El calentamiento global, claro. Pero también el atontamiento global de la escena política en paralelo con el mangoneo de la opinión pública. Los idus que se llevaron por delante a Julio César ya no soplan igual. No funciona el ventilador. Los dioses deben de estar locos y ahora las crisis se resuelven con ceses, la mejor metáfora de una puñalada en los tiempos modernos. Así, aparentemente romanizados por el referente clásico y engañosamente instalados en los antípodas éticos (del Macarthismo a Obama) y estéticos (del blanco y negro al color) de Buenas noches, y buena suerte, el director George Clooney vuelve a desplegar todo su encanto como cineasta. Que es mucho. O, al menos, suficiente para engatusarnos de la misma forma que lo hace con su media sonrisa y su mejor traje. La misma percha de su presencia adorna los postulados visuales de su cine. La elegancia es su principal arma para contar historias. La mentira, el engaño, el matiz entre fama y honor; sus temas preferidos. De esa mezcla (y eso lo sabe su buen nombre, a menudo entre rumores de ambigüedad sexual) suelen saltar chispas. Quizá por eso nos guste tanto.

Relanzada por la habitual pereza de Clooney para aparecer demasiado en pantalla en sus propias películas, la tarea de Ryan Gosling crece aún más hasta apropiarse del foro en el que es traicionado. Le rodea un elenco de secundarios a los que Clooney trata con un esmero impúdico: con muy poquito les basta a Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti para dejar en todo lo alto su particular duelo, petróleo saca Evan Rachel Wood de su personaje, y hasta Marisa Tomei y Jeffrey Wright se lucen en dos pinceladas. Gosling está igual de bien que en Drive o Half Nelson, en un papel que va del encanto a la perversión en apenas segundos. Y si la virtud funcionaba en aquel antecedente de Mad Men con el humo de David Strathairn cegándonos los ojos, aquí lo que vence es el cenagal de la función pública. Porque pese a las maneras, Clooney siempre ha querido ir más allá del neoyorquino Madison Avenue para instalarse en Farragut North. Ésa es la zona de Washington donde se ubican los lobbies y bufetes políticos más importantes del mundo y que da título de la obra de teatro que adapta la película.

Mejor en el cómo que en el qué, la trama viene lastrada por el lío en el que se mete el candidato, algo manido por la propia realidad. Clooney acierta siempre en el punto de vista, con los encuadres, las elipsis (ese cese en coche, tras el barbero) y el tono justo para no caer en el falso thriller o en la caricatura del político. Algunos podrán ver un hilo que le une con el cine político de los setenta, el de Pakula, Pollack y compañía. Quizá en espíritu, porque el encanto algo desastrado de aquéllos no responde al estilo minucioso de Clooney, casi más cerca de Chinatown que de El candidato. Pero sobre todo, lo que inquieta y da gusto a la vez es cómo maneja la obsesión política, que parece ser también la suya, reflejada en la adrenalina de todos estos tipos que darían su vida por trabajar en la campaña de un presidente. Este tipo, que tal vez tenía el talento, el encanto y la vocación para una carrera como político y que se ha visto obligado a malgastarla triunfando en el cine, es el hombre perfecto para contar esta historia. 

CARLOS MARAÑÓN

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3 comentarios

ReinaDelRastro

ReinaDelRastro 08.04.2012 / 22:11 Es una película correcta, bien hecha, con un guión de esos por los que te darían un sobresaliente en la academia: redondo, clásico, sin cabos sueltos. Pero no arriesga, ni aporta nada nuevo. Es de esas pelis que no pueden no gustar, pero que no dejan huella y se olvidan fácilmente. Se agradece que, pese a lo tópico de la historia, los personajes no caigan en el maniqueísmo, y desde luego se agradecen las interpretaciones: secundarios de peso y un Ryan Gosling que nos está "bienacostumbrando" a una sobriedad intensa siempre llena de matices. Su personaje es el eje de la trama; es un idealista, pero eso no impide que sea también ambicioso y egoísta: la lucha por los ideales es también la lucha por el éxito, a cualquier precio, jugando con los límites de su propia ética.

Ringo Kid

Ringo Kid 01.04.2012 / 20:26 Estupendo largometraje sobre lo que es capaz el hombre para llegar al poder, sin decantarse por ningún lado, y demostrando que todos sin excepción tenemos trapos sucios para lavar. Donde siempre habrá uno más listo que tu, y donde no se sabe quién es el que ríe el ultimo, ni quien ríe mejor. Siguiendo un argumento lineal clásico, vamos descubriendo como son los entresijos de unas primarias en los USA, y como a veces los papeles de marioneta y de quien maneja los hilos van alternando. Habla sobre la pérdida de la inocencia, de la pérdida del idealismo, donde lo importante no es para quien trabajes, sino conseguir el éxito, ser el ganador para asegurarte el futuro. El mensaje y los ideales dan lo mismo, lo importante es haber triunfado aún a pesar de haber apostado por un candidato ajeno a nuestras convicciones. Magnifico elenco de actores en general y en especial Ryan Gosling que no deja de asombrarme desde que lo descubrí en Drive. Un actor al que hay que tener en cuenta. Esto es una opinión personal, podeis estar o no de acuerdo, no me contesteis, por favor, limitaros a comentar sobre la película. Gracias.

Blancafont

Blancafont 10.03.2012 / 11:17 Si los políticos gozan ya de mala reputación, esta película no sirve para mejorar la opinión que se tiene de ellos, sino para todo lo contrario, sirve para avivar el debate sobre las maneras de actuar, a veces nada lícitas de los gobernantes, esa extraña clase social que a base de jugar sucio, mentir y regalar sonrisas llega a gobernar el mundo. George Clooney nos ofrece su visión más crítica y castiga a los políticos, planteando situaciones en las que los personajes tienen que decidir entre jugar limpio o velar sólo por sus propios intereses, y lo hace con una crudeza que sorprende. En una cinta con banda sonora casi inexistente pero cargada de realismo ante unas actuaciones inmejorables por parte de sus actores, y la suya propia, nos mantiene inmersos en una extenuante precampaña dentro del partido demócrata, donde todos los personajes dan todo de sí, tanto lo bueno, como lo malo. Narra como se lleva a un hombre hasta la Casa Blanca, esa carrera tan ardua de primarias y debates para conseguir el apoyo de congresistas y senadores en cada estado, con todas sus consecuencias. Pero no se detiene a pintar a unos como buenos o malos porque todos son ambas cosas dentro de la política, sólo depende de como les afecte. Con un reparto de actores majestuoso, aparece como protagonista Ryan Gosling como el asistente de campaña Stephen Meyers, a las órdenes de Paul (Philip Seymour Hoffman), el director de campaña del candidato demócrata a la presidencia, el gobernador Mike Morris (George Clooney). Todos ellos, junto a Evan Rachel Wood, Marisa Tomei y un impresionante Paul Giamatti, juegan sus cartas, aunque a veces estén de farol, y el que mejor las juega es el que ejerce su poder sobre los otros, esas son las reglas del juego de la política. Así nos lo muestra el director Clooney, quien consiguió, aparte de la nominación a los Globos de Oro en categoría de Mejor Película y Mejor Actor para Ryan Gosling, también una candidatura para Mejor Director. Sin embargo, la Academia no tuvo el detalle con él este año, a pesar de que la crítica y el público le son muy favorables. Melodrama político basado en una obra de teatro, con un argumento muy cínico y efectivo, y tan real como la vida misma no sólo porque temas así de candentes están todos los días en las noticias, sino también por un equipo de actores soberbios y todo ello dirigido por Mr. Clooney. Con un guión firmado por él mismo, Gran Heslov (Buenas noches y buena suerte, dirigida también por George Clooney) y Beau Willimon decidieron titularla The ides of March (Los idus de Marzo), ya que los idus (día 15 de los meses de Marzo, Mayo, Julio y Octubre) eran días de buenos augurios para los romanos. No obstante, Julio César fue asesinado en este día tras haberlo predicho un adivino. Este hecho llevó a William Shakespeare a mencionar el peligro de los idus de Marzo en su obra Julio Cesar. Intriga política que entretiene y hace pensar en quienes son realmente los que rigen nuestro futuro. Muy recomendable.

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