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Jueves, 20 de Junio de 2013
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Críticas

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Ted

10.08.2012

¿Un osito de peluche porreta y putero, con la voz de Seth MacFarlane? Lo mejor será que no te acuestes con él.

ted

Sólo hay una persona en el planeta Tierra capacitada para hacer una película sobre un osito de peluche parlante. Y esa persona es Seth MacFarlane, enfant terrible de lo políticamente incorrecto, tema de conversación recurrente en las reuniones de padres de los colegios yanquis y cabeza de familia de los Griffin, los parientes más bochornosos de la televisión.

Era evidente (y así lo deseábamos) que el debut como director del ex dibujante de Hanna Barbera tenía que hacerse a lo grande y a lo loco, que le hacía falta una idea rocambolesca, una chaladura genial, de ésas que sólo pueden ir seguidas de un chasquidito o un salto en el aire con choque de pies. Habría que investigar cómo son las brainstormings de MacFarlane porque, efectivamente, lo que se le ocurrió fue hacer una película sobre un niño que pide un deseo y, a la mañana siguiente, ve cómo su osito de peluche ha cobrado vida. Saliendo de la cabeza de MacFarlane era presumible que el oso, Ted, no iba a ser achuchable ni adorable, sospecha confirmada desde los créditos y en esa primera escena en la que se hacen las presentaciones oficiales: el osito en cuestión es un drogadicto (le da a todo) y putero, en su foto de perfil sale con un sujetador en la cabeza, ha pasado por numerosos centros de desintoxicación, ha sido portada de Rolling Stone y su idea de la vida es estar fumando petas en el sofá y viendo capítulos de Flash Gordon (¡ojo al cameo!) con su mejor amigo John (Mark Wahlberg). Vamos, que a su lado, el perverso Lotso, de Toy Story 3, es una auténtica nenaza.

La trama de Ted, precipitada por la abnegada novia de John (Mila Kunis), arranca cuando ésta le da un últimatum (“elige: o tu osito de peluche o yo”). Y, aunque se agradece que el juguete de MacFarlane no venga relleno de espuma –hay un mensaje: el miedo al compromiso, el peterpanismo…–, es en esa moralina (excesivamente alargada y edulcorada) donde el creador de Padre de familia pierde de vista a su personaje estrella y deja de reconocerse a sí mismo. Pero también puede ser que Ted no sea una metáfora de la necesidad del compromiso en una relación. Tal vez sólo sea una película sobre un osito de peluche realmente jodido.

ANDREA G. BERMEJO

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