CUANDO EL COMANDANTE Cousteau viajó incansablemente por el fondo del mar –dos películas míticas: El mundo del silencio y El mundo sin sol– no creo que se imaginara que medio siglo después
las maravillas que él nos mostró a veces en penumbra, resplandecerían tan luminosas en documentales como Océanos. Tal vez sea una ingenuidad pero me pregunto ¿cómo diablos se pone una
cámara de cine, por pequeña y disimulada que sea, en los mismísimos morros de una ballena, o al lado del pez más raro que pueda uno imaginarse? Bueno pues Cluzaud y Perrin (Nómadas del viento) lo
han hecho para servirnos un documental plagado de colores y sonidos, de voces animales y ruidos de vida submarina. Un filme habitado de poder fascinador, de capacidad hipnótica, que no es el tipo
de cine por el que este crítico suspira pero que en los tiempos de zozobra audiovisual que atravesamos, se erige en una propuesta estética y sensorial, de alta graduación. Que ya es mucho.
Toni Vall
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