COGIENDO UN POQUITO DE AQUÍ Y DE ALLÁ, y sin romperse demasiado el coco, está visto que en 2010 puede hacerse un blockbuster que dé el pego las semanas que tiene que aguantar en pantalla. Los responsables de Furia de titanes tienen la lección bien aprendida. Incluso han tenido el buen ojo de subirse al carro del 3D, a pesar de que el Kraken que liberan resulta menos espectacular
que el bidimensional de Piratas del Caribe: en el fin del mundo (1997). Por no hablar del artesanal y encantador monstruito de la versión original, aquella Furia de Titanes (1980) en la que Ray Harryhausen ponía el talento y la magia.
Desprovista pues de cualquier muestra de humanidad, abonada a esa fórmula Bruckheimer-Bay en la que los personajes tienen carisma porque se dice y no porque se deduzca de sus actos, Furia de titanes ofrece un cursillo acelerado de mitología para cubrir el expediente y justificar unas escenas de acción que podrían aparecer en King Kong, El Señor de los Anillos, El ataque de los clones o, si se animaran, hasta en Cómo entrenar a tu dragón. Vamos, que lo mismo da, todo parece una excusa para partir rocas, levantar olas gigantes y todas esas cosas que a fuerza de ver en otras películas ya no tienen efecto. Incluso en la secuencia en la que aparece la temible Medusa, el villano que te han prometido durante dos terceras partes de la historia que te pondrá los pelos de punta, cada baja en el bando de Perseo se recibe con una frialdad terrible, petrificadora. Da igual quién muera –o a quién resuciten de formas poco ortodoxas– porque ya daba igual que estuvieran vivos. Tiene delito, porque si tan molesto y tedioso resultaba a los responsables de Furia de titanes crear personajes se podían haber limitado a calcarlos de la versión original o de algún libro.
Mención especial para la recreación del Olimpo, sus dioses y sus cosas. Con un fulgor luminoso y grado de compromiso similar al de Marlon Brando en Superman, Liam Neeson hace un papel por el que tendrá que dar explicaciones a sus nietos. En general, este remake podría haber sido peor, claro, pero hasta eso requeriría esfuerzos, un punto de locura y creatividad, de intención. Esto es simplemente un trámite.
Manuel Piñón
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joleth 01.02.2012 / 23:52 Comentario