MENOS MAL QUE ALGUIEN ha decidido hablar de vampiros sin que aparezcan niñatos mostrando pectorales y niñas tontas sufriendo por amor. La repugnante plaga de Crepúsculo parece no tener
freno y se agradece que en un periodo de descanso de la infamia, surja este sano entretenimiento, esta verbena en forma de película vital y cachonda, oscura y adrenalínica. Los protagonistas son también adolescentes pero aquí tienen algo más de cerebro y sus aventuras son capaces de sacudirte un poco la imaginación.
Paul Weitz –director de lo más interesante– y Brian Helgeland –sensacional guionista– han parido un pastiche de referentes terroríficos –de La parada de los monstruos a Blade, pasando por Carpenter–
para uso y disfrute del buen incondicional del género. Estilizada y molonga, El circo de los extraños es un rara avis, un filme más artesanal que mainstream, más elegante que evidente y mucho más
impactante que cualquier mejunje para teenagers en celo que quiera uno imaginarse. Véanla, las diferencias saltan a la vista y a la víscera.
Toni Vall
0 comentarios