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Miércoles, 23 de Mayo de 2012
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Críticas

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Red de mentiras

10.07.2009

¡ES LA GUERRA! RIDLEY SCOTT SE ATREVE A REFLEXIONAR SOBRE LA INÚTIL SUPERIORIDAD MILITAR ESTADOUNIDENSE

red de mentiras

 

Nando Salvá

‘RED DE MENTIRAS’ ES UN NUEVO TIPO DE PELÍCULA DE GUERRA para un nuevo tipo de guerra, librada por tierra y por aire pero sobre todo en el ciberespacio. La película sigue el flujo de información estratégica que circula de pantallas táctiles a satélites y de ahí a esas war rooms en el mundo se convierte en un gigante videojuego. Ridley Scott no solo nos maravilla con la sofisticación de la tecnología norteamericana, también nos hace preguntarnos cómo es posible que, poseyendo tanta virguería, los yanquis sean capaces de perder una sola de sus batallas. La película propone una teoría al respecto: los agentes de infantería de la CIA como Roger Ferris (Leonardo DiCaprio) son torturados en zulos ocultos en Oriente Próximo mientras su superiores les dan órdenes condescendientes por teléfono, desde casa, mientras ayudan al niño a hacer pis, incapaces de comprender la sutileza y la paciencia necesarias en esta nueva forma de combate. No saben nada y no les importa –la ironía es que, pese a que sabe mucho más que su jefe, Hoffman (Russell Crowe), Ferris no interpreta con más claridad que él esa cultura desconcertante–. Mientras censura los métodos de la administración Bush, Scott nos gasta una broma pesada usando a Crowe, uno de los actores vivos más intensos, en el papel de un hombre enteramente ajeno a las consecuencias de sus actos, de la insensibilidad y la incompetencia norteamericanas personificadas. Así pues, Red de mentiras trabaja duro para resultar políticamente vigente y moralmente pertinente, y también experta en cómo funcionan el espionaje, el terrorismo, la CIA y la política en Oriente Próximo, sin llegar a decir gran cosa de nada de ello. Aun así, en tanto que película-laberinto –de las que se camelan nuestra inteligencia lanzando sobre la mesa las piezas de un elaborado puzzle–, transporta el equipaje habitual de los thrillers políticos de Qatar a Siria, de Amman a Bagdad, con incendiaria parada en Manchester y desayuno urgente en Virginia incluidos. Scott no permite que nada interfiera en el veloz ritmo narrativo –ni siquiera una saludable dosis de emotividad–, así que es curioso que, pese a que las convenciones del cine de acción imperan sobre el análisis sociopolítico, el filme raramente invita a descargas de adrenalina, porque: 1. Dado que se centra en asuntos de información y desinformación más que en armas y tecnología, un tercio del relato consiste en conversaciones telefónicas. 2. La inclusión de la palabra ‘mentiras’ en el título plantea un problema obvio. Saber que ninguna información que se nos provee es de confianza transforma el drama en una mera espera de la próxima sorpresa. Y, para cuando ésta llega, carece de vida. 

 

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