Mariló García
EN SINGULAR. Porque es en una noche de tormenta en la que todo se rompe (para bien) en las vidas (ya rotas, para mal) de esta pareja de mediana edad (magníficos Gere y Lane cuando están juntos: entregados, compenetrados, de espíritu jovial, fresco). Como en Los puentes de Madison (ejem, además aquí los protas sí nos resultan atractivos), pero con unos hijos distantes como arma de doble filo y más cruel si cabe que aquélla (aquí el destino es puro azar). Superado el morbo de volver a verlos junticos (han pasado seis años desde Infiel), lo que nos queda es una romántica historia de amor al uso, sensiblera y, sí, algo larga.
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