Poltergeist, Pesadilla diabólica, El resplandor, House, Dark Water, Aquella casa al lado del cementerio, La puerta... Son muchos y muy variados los clásicos del cine de terror que gravitan más o menos sobre la siguiente premisa: familia –desestructurada o no– que se muda a una casa nueva, no tarda en descubrir que pesa sobre ella una maldición, alguien de la familia sufre trastornos de personalidad y extraños acontecimientos se manifiestan. Todos esos tópicos y lugares comunes aquí enumerados los concentra también La otra hija, que anda a ratos implacable y a ratos renqueante por estos derroteros.
Luis Berdejo ha seguido los pasos en Hollywood de Jaume Collet-Serra dirigiendo con oficio y madera de cumplidor artesano esta película de factura en verdad intachable que reúne todas y cada una de las convenciones del género, ordenadas de forma bastante más armónica y sin duda formalmente talentosa de lo que uno de podía temer. No obstante, el asunto acaba adoleciendo de poca personalidad y sopor creciente, idas y venidas, tejemanejes mil ante un misterioso túmulo funerario que acaban agotando al más pintado.
Aplauso, eso sí, para la convincente adolescente enloquecida de Ivana Baquero. Claro que lo más inquietante del asunto no son los gatos muertos, los cadáveres de antaño y los ruidos en plena noche, sino preguntarse una vez más cómo la estrella más resplandeciente del Hollywood de los
primeros 90 se ha convertido en este adorable pureta que desfila ante la pantalla con su infinita colección dejerséis de cuello de pico.
TONI VALL
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