Hay historias de telediario. Son aquellos casos que día tras día conocemos a través de la voz de un presentador, casi siempre inodoro e insípido, que a copia de la repetición sistemática se convierte en un fastidioso tópico incapaz de conmovernos y al que acabamos prestando poquísima
atención. La verdad de Soraya M. cuenta una de esas historias sobre la injusticia y la arbitrariedad de una cultura abyecta. Y lo hace con atrevimiento formal, a modo de thriller sui generis, seco y conciso, sin (o casi sin) la pegajosa moralidad de manual acostumbrada en este tipo de fi lmes denuncia,
siempre califi cados con la discutible etiqueta de “necesarios”.
TONI VALL
0 comentarios