USAR EL INCESTO como asunto cómico es una estrategia peligrosa de la que Cyrus sale sorprendentemente airosa. Hablamos de incesto psicológico: un hombre de 21 años –que parece un niño de 12 años que actúa como un hombre de 21– quiere a su madre para él solo, y la encarnizada batalla que mantiene con el nuevo novio de ésta les sirve a los hermanos Duplass para convertir un asunto propio de comedia romántica en el retrato disfuncional de tres personas que sienten que todo lo que tienen, o al menos todo cuanto quieren, peligra.
Se mire como se mire, es una película fea. La estética vérité propia del mumblecore –movimiento que los Duplass abanderan, películas de presupuesto ínfimo rodadas digitalmente con actores que improvisan– no genera el sentido de realismo sufi ciente para compensar esa fealdad. De todos modos,mostrando desdén por la iluminación, el encuadre o incluso un guión estricto, los Duplass fomentan que el humor emerja orgánicamente de la narración y de los personajes.
Pese a que, especialmente al fijarse en la confusión emocional de sus personajes, Cyrus evidencia la desconexión entre el humor y el drama que también estaba en el trabajo previo de los Duplass –The Puffy Chair (2005), Baghead (2008)–, cuando pone todo su empeño en ser divertida la película es demoledora, sobre todo gracias al duelo cómico entre John C. Reilly y Jonah Hill, capaces de exudar envidia y resentimiento y desesperación y anhelo y dolor –es decir, de ser humanos y no caricaturas– y, a la vez, pura hilaridad.
NANDO SALVÁ
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