¡Qué raros son los estadounidenses! Cuando quieren robar se dedican a complicarse la vida con helicópteros, herramientas industriales y planes sesudísimos, con lo fácil que han demostrado que es llevárselo calentito las grandes empresas y las financieras de su país. Ladrones es otro subproducto heredero de Michael Mann y su Heat, filme que va camino de cambiar la historia del cine (para mal, a pesar de su excelencia). A las consabidas historias desarrolladas en paralelo de polis solitarios y atracadores inteligentes se les pone el aliño Soderbergh de Ocean’s 11: parece que estos últimos vivan todos en un anuncio de Martini, aunque igual ha sido por exigencias del cásting, porque a dos raperos multimillonarios como T.I. (‘casualmente’ productor de la cinta) y Chris Brown (el que zurraba a su novia Rihana), pocos alardes interpretativos más se les puedes exigir.
Construida como un vehículo de lucimiento para ambos, lo mínimo exigible era que por lo menos en
las escenas en que los paganinis no aparecieran la cosa mejorara, pero ni por esas. La escena de persecución bordea el ridículo más absoluto. Del guión hablaré cuando tenga constancia de que existía o, en su defecto, de que no ha sido creado por un programa informático. Tal vez estas palabras les parezcan exageradas, pero la impericia del director es demostrable cuantitativamente:
nadie en su sano juicio tendría a una estrella del momento como Zoe Saldana en su película para
relegar su papel a unos cuantos segundos. Eso sí que es un atraco a mano armada.
RUBÉN ROMERO
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