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Miércoles, 23 de Mayo de 2012
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Críticas

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Camino a la libertad

05.01.2011

A Peter Weir le sale un 'Viven' sin querer

camino a la libertad

Un grupo de presos de toda condición –delincuentes comunes, enemigos de la nación soviética, gente que pasaba por ahí…– protagonizó en 1940 la hazaña de fugarse del gulag siberiano en el que estaban recluidos, recorriendo más de 6.000 kilómetros en su huida hasta India. Atravesaron bosques helados, áridos desiertos, países hostiles y las montañas imposibles del Himalaya, sin ayudas ni medios, valiéndose tan solo de su ingenio y ansia de libertad.
Más próxima a Viven que a La gran evasión –la huida del gulag se muestra de forma escasa y confusa– la nueva película de Peter Weir (El show de Truman, Master and Commander) es un ejemplo de cine a la intemperie. Expuesto, sin adornos y sin refugios en los que guarecerse, consiste básicamente en un seguimiento casi documental de la travesía de sus protagonistas. Será por respeto a los que pasaron por este trance, por la contribución de National Geographic a la financiación o simplemente por una apuesta de Weir en pos de una narración naturalista, pero esta odisea excepcional por momentos parece tan excitante como un Camino de Santiago hecho en ayunas. Los realizadores de Pekín Express, por poner un ejemplo terrible pero ilustrativo, logran más empatía entre el espectador y los personajes que Camino a la libertad.
No se le puede achacar a los actores, que uno por uno están espléndidos, pasando por rusos, polacos o lo que haga falta, incluso hablando el idioma con una fluidez que ni el políglota Coronel Hans Landa de Malditos bastardos. Jim Sturgess asume con capacidad el liderazgo. Ed Harris, como siempre, hace que parezca fácil. Saoirse Ronan mantiene el tipo y resulta encantadora entre tanta desolación. Incluso el cavernícola matón al que interpreta Colin Farrell tiene su punto. Pero ni por ésas. Tras dos horas de verles morirse de frío, sufrir golpes de calor, pasar hambre y todo tipo de penurias, sólo puedes desear que lleguen a casa de una vez. No por su tranquilidad, sino por tu aburrimiento. Por el camino, quedan paisajes impresionantes, fotografiados con una calidad espectacular sin necesidad de planos aéreos o retoques digitales. Su viaje fue una odisea. El nuestro, un sopor.

Manuel Piñón

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1 comentario

CODY JARRET

CODY JARRET 10.07.2011 / 18:30 Mi opinión en mi blog. 2 horas y 10 minutos daban para algo más que desgastar el calzado. http://lacomunidad.elpais.com/codyjarret/2011/6/23/camino-la-libertad-2010-peter-weir

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