Oriente es Oriente. Si ya lo decían los clásicos. El problema es que ahora Hollywood le ha visto las orejas al lobo de su propia expansión, y ha juntado el hambre de noodles con las ganas de comer caliente. La segunda parte de Resacón en Las Vegas resuelve así dos problemas en uno, que a falta de ideas originales, buena es una clase magistral de marketing: si el toque oriental se ha presentado en las más recientes secuelas de las franquicias de éxito como el Buda bueno capaz de salvar el gasto, la otra apuesta segura para las andanzas de los solteros que pusieron Las Vegas patas arriba es eso que los expertos en ciencia infusa están a punto de llamar ya el Teorema de la Repetición y que en muchos bares, y demás establecimientos de hostelería de nuestro país se conoce como “Si así funciona, pa qué lo vamos a cambiar”. Un chollo.
Ellos son como niños, pero nosotros, distinguido público, también. Lo saben en los grandes estudios, en los bancos y en los departamentos de mercadotecnia de cualquier empresa medio seria, así que, si no sorprende que hoy los chavales vean una y otra vez las andanzas de Rayo McQueen en Cars con la ilusión con la que otros antes vieron mil veces la muerte de Chanquete, tampoco debería sorprendernos que nos quieran hacer reír con los mismas situaciones de la primera vez. Exactamente las mismas, en un filme con idéntica estructura y suficientes oportunidades para echar unas risas, y más si te reíste con Torrente.
Funciona, el caso es que funciona. Cierto es que ha perdido frescura, algo que los más cavernarios achacarán a que los cuatros jinetes del apocalipsis solteril están arrejuntados. ¿Los cuatro? No. Todavía hay esperanza. Puestos a mirar a Extremo Oriente, y con un cargante Mr. Chow de protagonismo exagerado, ahora toca Tailandia, donde los clichés de sexo, comida picante y drogas cumplen, transformados en la versión urbana del santo grial descubierto por Leo DiCaprio en La playa. Sólo que el edén está aquí en la pulsera del todo incluido del resort. Fuera, el caos. Resabiados y escamados ante una nueva ida de olla, nuestros protagonistas no quieren que la cosa se les vaya de las manos. Sobre todo, Stu (Ed Helms), el nuevo novio, al que su ex mujer stripper (la inolvidable Heather Graham) daba muchísimo más juego que su nuevo amor thai. Menos mal que Zach Galifianakis mantiene el nivel y la esperanza de otro resacón: Alan fue el gran hallazgo de la primera entrega, y ahora es el único personaje que puede creerse el invento, porque sigue siendo un niño, el mismo niño que quiere lo mismo una y otra vez y, claro, está en su salsa.
Con él da resultado este experimento de la ciencia de la repetición que estira aparentemente su lado más salvaje mirando de reojo a Borat, pero cuyos detalles dejan al descubierto el truco: en la decisión de cambiar el tigre por un mono y a Mel Gibson por el personaje sorpresa final está la esencia de una nueva comedia que va de desfasada y se queda en traviesa, como la versión de la despedida de solteros que todo fiestero contaría a su mujer. Lo que pasa en Tailandia se queda en Tailandia, aunque siempre nos quedará la verdad salvaje de los títulos de crédito. Menos da una juerga.
CARLOS MARAÑÓN
1 comentario
pat_wada 07.07.2011 / 22:46 Esta es la tipica pelicula de la que escucharas muchos comentarios.. pero si quereis mi opinion seria "todo el mundo dice que si waa que peli, argumento repetido, risas tontas, qe mala.. pero en el fondo todo el mundo la ha visto" asi que que hablen de mi mal o bien pero que hablen!
misterpenco 22.06.2011 / 12:50 carlos acusas mucho a la pelicula de ser repetitiba, y francamente si es la mitad de repetitiba que tu critica, tendras la mitad de razon. si es mas repetitiva me pasara como tu popurri de palabras y lo dejare de ver, en este caso si tendras razon sobre la pelicula.
gteret 20.06.2011 / 07:03 la verdad muy buena pelicula yo ya la eh visto dos veces aca en mexico y es recomedable para pasar el tiempo,,, y la manada ah vuelto!!! y stu otra ves hace de las suyas!!! jajja saludos!!!