Hay actores cuya presencia justifica de por sí el pago de una entrada. Uno de ellos es este serbio de rostro inconfundible, referencia inevitable para todo aquel que pretenda aproximarse al mejor cine producido en territorio balcánico durante los últimos 30 años, guerra mediante. La novedad estriba en que en esta ocasión dirige el búlgaro Stephan Komandarev, un tipo inteligente porque sabe renunciar a toda pretensión autoral en beneficio del talento de Mika y del precioso material literario de Ilija Trojanov. Pero esta apuesta por un estilo luminoso y transparente no significa que la película carezca de estilo, y como prueba baste reseñar los dos únicos planos en los que el realizador se aparta del foco de la narración: en el primero, un travelling de alejamiento nos sugiere un desenlace fatal tras las cuatro volteretas del automóvil; en el segundo plano de fuga, hacia el final de la película, la cámara se queda con el rostro del antiguo comisario político, convertido ahora en candidato democrático, sobre un gigantesco cartel: los tiempos han cambiado, pero el mundo sigue igual. Entre medias, asistimos a una road movie por las carreteras "donde Europa termina pero nunca empieza", pero a la vez presenciamos (en oportunos flashbacks) el éxodo originario de la familia de Alex desde su Karlovo natal. Dos viajes para recuperar dos memorias: la histórica y la personal, y todo al vitalista ritmo de Bai Dan, sosias del gran Manojlovic y maestro del backgammon.
SERGIO F. PINILLA
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JLSA 06.08.2011 / 20:48 Comentario