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Miércoles, 23 de Mayo de 2012
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Críticas

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Nader y Simin, una separación

07.10.2011

Farhadi es capaz de retratar con sutileza y profundidad la opresiva sociedad iraní sin caer en los tópicos del cine del país.

nader y simin una separacion

Asghar Farhadi es un bicho raro dentro del cine iraní: sus protagonistas no pertenecen a entornos rurales sino que son gente moderna y urbana, y su narrativa no está gobernada por simbolismos. Eso, de entrada, es bueno porque elimina el distanciamiento intelectual con el que solemos enfrentarnos a la obra de muchos de sus compatriotas. Pero es que, además, Farhadi es un contador de historias exquisito y apasionante. Nader y Simin se sirve del conflicto entre dos familias rotas de estratos diferentes para hablar con ira y frustración de las contradicciones y divisiones económicas, la tiranía patriarcal y el yugo religioso de la sociedad iraní. Pero, ante todo, para tejer una intriga judicial de precisión matemática, que deja en evidencia la arrogancia ciega de la clase burguesa y el fariseísmo de la clase obrera. Que la primera ocupe un lugar incómodo en un país gobernado por teócratas da una riqueza extraordinaria a la confrontación.

Resulta fascinante contemplar cómo, acercando su película a meditaciones icónicas sobre la naturaleza subjetiva de eso que llamamos verdad, como Doce hombres sin piedad y Rashomon, el director retrata a sus personajes, personas decentes que, por una cadena de desgracias domésticas, deberán comprobar hasta qué punto es necesaria la mentira en nuestras vidas. Cada uno de los engaños es el desencadenante de otro mayor, como una bola de nieve que crece y, sin embargo, es controlada con precisión malabar –Farhadi es finísimo decidiendo qué nos muestra y qué no, y desde qué perspectiva–. Así nos implica en los dilemas morales de sus personajes y nos hace incapaces de saber qué está bien y mal y qué haríamos en su pellejo, aunque sí sabemos que la única inocente aquí es la niña Termeh, sobre quien cae una carga indescriptible a causa de la mezquindad y el egoísmo adulto. Es la peor clase de abuso que el filme retrata, y lo que realmente lo transforma, con gran poder y sutileza, en una tragedia contemporánea.

NANDO SALVÁ

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1 comentario

CODY JARRET

CODY JARRET 13.10.2011 / 00:56 Necesidad, necedad, verdad. Más en mi blog http://lacomunidad.elpais.com/codyjarret/2011/10/12/nader-y-simin-separacion-2011-asghar-farhadi

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