Probablemente para sacudirse de encima cualquier tentación al acomodamiento, y disfrazando de thriller lo que en esencia es un estudio sobre la identidad y las máscaras, sobre el sexo y la carne, sobre los cuerpos y el dominio y la muerte, Pedro Almodóvar nos ofrece aquí la que sin duda es una de sus obras más radicales de su carrera y tal vez la más sombría. Historia de un amour fou necrófilo que es también la crónica de una venganza servida muy fría, el relato de una supervivencia extrema, un cuento moral sobre los peligros de la ciencia y el retrato de una familia disfuncional que no entiende de escrúpulos, La piel que habito transita en varias direcciones a la vez: a veces juguetea con las convenciones del cine de terror, por momentos enfatiza el melodrama, a ratos simplemente incrementa el suspense. Podría definirse como un giallo de Mario Bava o Dario Argento dirigido a dos manos por el Hitchcock de Vértigo y el Wyler de El coleccionista, de no ser porque, ante todo, el cine al que más se parece es al de Almodóvar.
En efecto, Todo sobre mi madre (1999) y La mala educación (2004) ya hablaban de la maleabilidad de nuestros yo externos, mientras que la invasión no consentida que el cirujano psicópata Robert Ledgard (Antonio Banderas) lleva aquí a cabo sobre los cuerpos de sus pacientes –representada a través de coreografías retorcidamente hipnóticas de látex y frío acero, de contrastes exquisitos pero terribles entre la carne joven y las heridas– es una forma de violación que evoca las transgresiones morales del protagonista de Hable con ella (2002). Como en muchas de sus películas previas, además, Almodóvar se sirve de recursos narrativos supuestamente prohibidos para los guionistas contemporáneos: diálogos expositivos, prolongados flashbacks que revelan secretos familiares inconfesables, estructuras argumentales que se separan y se reconfiguran y hacen juegos malabares con la cronología.
En todo caso, La piel… debe entenderse como un desmentido para quienes pensaran que Almodóvar estaba convirtiendo su estilo –ese tono entre lo operístico y lo folletinesco, esas superficies suntuosas, esa insistencia en las citas cinematográficas– en mera rutina. Aquí lo ha rapado al cero y lo ha despellejado del mismo modo que ha dejado en los huesos el casi siempre histriónico estilo interpretativo de Banderas. Y esa austeridad formal tensa aún más la plausibilidad de una película suicida. Porque la naturaleza bizarra de lo que está contando no se nos esconde, todo lo contrario: permanece al frente. La historia es tan demente que por momentos resulta inevitable preguntarse si el director se la toma en serio o si se burla de ella. Sólo alguien de su talento puede hacer algo así sin romperse la crisma.
NANDO SALVÁ
4 comentarios
CODY JARRET 04.09.2011 / 02:23 Engendro ausente de perturbación. Pecera con piraña involuntaria. Mi opinión en mi blog. Saludos http://lacomunidad.elpais.com/codyjarret/2011/9/3/la-piel-habito-2011-pedro-almodovar
El Caballero Blanco 03.09.2011 / 14:49 ¿Esto es una crítica? Esto es un pobre alarde cinéfio que apenas se sostiene, y coincido con Jander: ¿Te has visto la película?, porque en tu crítica, que por cierto, no lo es, más que una crítica parece el párrafo del repaso de la filmografía de Almodovar, y algunos elementos del trailer A ver si va a ser eso, que os veis el trailer, y criticais a partir de eso. Ahora, está crítica no es objetiva, ni coherente, pero si es prepotente y poco significativa. Mirad la película, y criticadla, pero no veais el trailer y saqueis conclusiones precipitadas
jander 03.09.2011 / 12:38 Nando... Nando... al menos la primera frase del encabezamiento la has copiado. Te has visto la película? "Una vez más Pedro Almodóvar muestra su genialidad para convertir lo ridículo en sublime (...) " (Dave Calhoun: Time Out)
ffn000 02.09.2011 / 23:41 Comentario,ME PARECE UNA AUTÉNTICA PATOCHADA, SE SALVA LA FOTOGRAFIA Y LA LUZ ES MUY BUENA,SALVO ELENA ANAYA, YNO SIEMPRE, LOS DEMÁS ESTÁN PATÉTICOS,