El árbol de la vida es una película que los miopes podríamos ver sin gafas. Como todo el cine de Dreyer, las cinco películas de Terrence Malick son ensayos sobre la luz, sobre las infinitas posibilidades de su representación, sobre los matices de su simbolismo. Y con su última película –no me extrañaría por cierto que fuese de verdad la última– entusiasmado, casi obsesionado con esta búsqueda, ha logrado la máxima depuración. Empieza con una cita bíblica del libro de Job sobre la fundación del mundo. Es el arranque de un filme alucinante, una obra libérrima y apabullantemente pretenciosa sobre el sentido de la vida, el terrible dolor de la pérdida, la paternidad, el aprendizaje, el poder de la naturaleza…
Malick se entrega a un insólito ejercicio de libertad creativa sin atisbo de concesión alguna. Filma formas geométricas del cielo, el agua y el fuego para vehicular una honda reflexión filosófica destinada a provocar estupor, ya sea a modo de fascinación o de repulsa. Para quien firma estas líneas, El árbol de la vida no es sino una vuelta de tuerca más al gran tema de toda su obra: el vacío de la condición humana. ¿Intangible verdad? Pues así lo filma el cineasta: a través de un relato ensimismado en el vuelo de una bandada de pájaros, en el silencio del corazón de un bosque y en el viaje por el más allá de Sean Penn a través del desierto y de edificios vacíos, como hiciera Antonioni en Zabriskie Point. A ratos adivina uno intenciones abstractas en los trazos ininteligibles de Malick, prescinde del orden argumental cuando le viene en gana y nos cuenta la extrañísima historia de una familia marcada por la violencia paterna. Flirteando sin rubor con la estética new age, contoneándose por el filo de lo sublime y lo ridículo, logrando que percibamos el olor del limbo, el director de Malas tierras concluye su película con un atronador rayo de esperanza cuando nos incrusta en los morros la gran paradoja del ser humano: la vida y la muerte. Simple y llanamente.?
TONI VALL
7 comentarios
anonymous 06.12.2011 / 02:50 Pues a mi me parecio un coñazo del nivel de odisea en el espacio que mucho simbolismo pero poco al alcance de los que nos gustan las tramas estilo el club de la lucha, esta poseia un final vacio con una trama absurda basada en sacar fondos
daniel.blanquer@gmail.com 17.10.2011 / 20:03 Cine de arte y ensayo. Cine con mayúsculas. Cine. Dos horas y pico largas que se me hicieron cortas. La volví a ver al día siguiente.Ya no sé cuándo la podré revisitar. Malick ha hecho una película hermosa, potente, en su banda sonora, en sus imágenes. Con una historia sencilla y, a la vez, extraordinariamente ambiciosa. La historia del ser humano, la historia de la vida. Una historia llena de preguntas, las preguntas de siempre. ¿Quién soy? ¿De dónde viene el mundo? ¿Cómo debo comportarme? ¿Dónde está Dios? Preguntas sin respuesta o con tantas respuestas como queramos, pero que ya no convencen a casi nadie. El asombro, que es el punto del que parte la filosofía, la perpelejidad ante la realidad de la vida, el principio, ¿hubo un principio?, el final, ¿habrá un final?. El infinito del Universo, del macrocosmos. La infinitud del microcosmos. Y en medio de todo esto, los seres humanos que nacen, sufren, lloran, ríen, gozan, pelean, mienten, aman, odian, esperan y mueren. Una vez y otra, y otra vez, en un ciclo sin fin. La vida es una impostura. El cine es una impostura. Pero en este película que trata de la vida no se ve ni una sola. Todo es auténtico, todo es real. Esta es la magia con la que Malick nos envuelve y nos hace gozar. Los actores simulan ser actores, en realidad no están actuando, están siendo ellos mismos, desde el primero al último, en cada uno de los planos y secuencias. ¡Viva el cine! Gracias a Malick y a todo el equipo. No deje de verla, si le es posible. No haga caso de lo que le digan, ni a favor ni en contra. Vaya y disfrútela. Abra bien los ojos, preste atención a los gestos, a las voces en off, saboree la música y súbase al árbol de la vida. Desde allí, la vida parece otra.
F.javieRR 08.10.2011 / 11:34 Me ha parecido magnifica, oscar para Pitt YA!!
Groucho Lennon 25.09.2011 / 21:48 Las películas de Malick siempre sorprenden. Como era de esperar, ésta lo ha hecho a lo grande, unos dirán que para bien, otros, que para mal. Es diferente de cualquier otra, esotérica, extraña, profunda, lenta, silenciosa, triste, melancólica... con especial énfasis en este último adjetivo. Una cosa importante a notar, es que en toda la historia de mi "vida" jamás, jamás, había visto tanta gente dejar una sala de cine, todo hay que decirlo. Al principio la gente la encontraba realmente rara, y mediante avanzaba el rodaje, la sala se iba vaciando, una sala bastante bastante grande. He llegado a leer en varias críticas que por ahora va siendo bastante común que el público abandone las salas antes del final con un sentimiento de decepción, decepción ante un grandísimo director que nos ha sorprendido tanto con sus anteriores películas. En ningún momento la menosprecio, es más estoy en profundo acuerdo con ALex M, quizá con los años se le aprecie, como muchas otras grandes películas, puede que aún haga falta mayor reflexión e inmersión en la película para aguantar esas 2 horas y media, alguien con buena mente, o bien saldrá contento o bien la odie, dudo que quede indiferente. Eso sí, esperaba algo más de un profundo y ya mayor Malick.