Quien espere obtener de Wim Wenders una aproximación a la vida de Pina Bausch que busque en la Wikipedia. Tampoco especialmente revelador resulta lo que, uno a uno, cuentan en pantalla los bailarines de su compañía. Pina es una sucesión de fragmentos de danza –sensuales, emotivos, precisos, geniales–, una enumeración a ratos arbitraria y meramente acumulativa, motivada más por el empeño del director de dar a cada bailarín su minuto de lucimiento que de arrojar luz sobre la dimensión artística de Bausch. Eso sí, el hábil uso de las tres dimensiones nos permite apreciar la profundidad de la escena, introducirnos en la coreografía, y formar parte de ella.
NANDO SALVÁ
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Armand 06.10.2011 / 12:38 Comentario Hay poesía en Pina, la que se expresa a través de su obra. Los bailarines son el reflejo de la persona que habitará siempre en ellos.No hay narración sino sentimientos. Un Adiós prematuro, acongojado,vivo... No encuentro bien, sin embargo, el uso del 3D. Excepto en las escasas ocasiones en que el brillo de la imagen gana fuerza con la profundidad, el movimiento de la cámara, a la que cuesta detenerse, produce cierta vibración que molesta la vista. Por no hablar del feo halo verde en los contornos producido por el vídeo. Creo que habría ganado bastante fotográficamente de haber sido rodada en un formato convencional.