Cinecito, su verdadera historia

¿Una simpática mascota o la figura más odiada del cine español? Los creadores de la criatura con cabeza de proyector, que cumple 18 años, cuentan a CINEMANÍA la verdadera historia de Cinecito. Por YAGO GARCÍA Imágenes: FUNDACIÓN LUMIÉRE

08 de octubre de 2011

Corría el año 2005, cuando Santiago Segura se metió en uno de los berenjenales más arriesgados de su carrera. Y por mano de CINEMANÍA, además: en un video-cd (eran otros tiempos) que regalaba esta revista, el creador de Torrente dedicaba unas palabras nada elogiosas a Cinecito, un extraño personaje con cuerpo de celuloide y cabeza de cámara que, durante varios años, daba la bienvenida a los espectadores de los cines. En palabras de Segura, Cinecito era “aquella mierda de mascota horrible que no se de dónde salió y que gracias a Dios no ha vuelto a aparecer en ningún lado”. Dichas declaraciones le costaron a Segura una demanda, que se resolvió con una retractación pública en nuestras páginas.

segura_wyoming_de_la_iglesia_cinecito“Hay adultos que son como niños, pero como niños malos”, bromea al recordar este hecho el empresario Antonio Mayoralas, creador de Cinecito y máximo responsable de la Fundación Lumiére, su entidad gestora. “Y Segura no debería haber dicho nada, porque Cinecito le consiguió 700.000 espectadores a Torrente a través de una campaña que hicimos con la Tónica Schweppes”. Mayoralas, de 60 años y nativo de Ciudad Real, es consciente de que la mascota que él mismo creó hace 18 años ha cosechado enemistades bastante sonadas… Y poderosas, como la del actual presidente de la Academia Enrique González Macho: “Hace años, cuando era un exhibidor en busca de subvenciones, ese señor dijo algo como ‘¡Qué mascota más fea!”, recuerda. “Pero era una figura que asombraba, que comunicaba y que ha hecho mucho bien para el cine español”.

En sus casi dos décadas de vida, Cinecito ha dejado un recuerdo imborrable (tómese esto en el sentido que se quiera), desde la primera vez que le vimos tomando vida en la pantalla y cantándonos aquello de “No me cuentes películas y vente al cine. La mascota, de hecho, sigue viva y bien, protagonizando actos de la fundación Lumiére dedicados a la infancia. También cuenta con su propio museo, en la sede de la Fundación en Colmenar Viejo (Madrid). Y todo ello pese a sinsabores como la estafa que sufrió Cinecito S. L., la empresa fundada por Mayoralas, en 2002: “Fue un asunto de falsificación de cupones”, recuerda este, “que nos costó más de 500 millones de pesetas”.

cinecito_maribel_verduY es que, en contra de lo que muchos creen, Cinecito no nació de una iniciativa institucional. Todo lo contrario: Antonio Mayoralas se lo sacó del magín él solo. “Fue una historia como de Cinema Paradiso, rememora. “Mi padre era el jefe de policía de La Solana, mi pueblo, y por eso yo iba al cine gratis, y me quedaba allí a ayudar al proyeccionista”. “Yo le había prometido a aquel hombre que, cuando fuese mayor, haría algo por el bien del cine”, nos explica, “y cuando murió en 1993 pensé que aquel era el momento”. Tras más de 60 bocetos, dicha promesa se encargó en la criatura que todos conocemos, gestionada en principio por la sociedad Cinecito S. L.

El animador Cruz Delgado se encargó de ponerla en movimiento (“Lo hizo todo gratis”, comenta Mayoralas), y su canción oficial corrió a cargo de Tennessee, inolvidables representantes de un rock’n'roll high school ibérico, a los que Mayoralas había conocido en un concierto en la localidad madrileña de Fuenlabrada. “Cinecito tiene dos discos de platino: de la primera canción se vendieron 200.000 ejemplares”, indica. La canción, por cierto, se titula Vente al cine, ¡ya!. Y fue el primer eslabón de una carrera musical que produjo otro single, este en 2009, con el título Amores de cine y con su clip correspondiente.

La escalada a la gloria de Cinecito comenzó en 1994, cuando la Federación de Entidades de Empresarios de Cine de España (FEECE) lo hace protagonista de una campaña mediática a todo lujo. Además de los spots que se exhibieron en cines, la mascota fue la enseña de una promoción “en 3.000 salas de cine, y durante 4 meses” que permitía canjear bonos regalados por grandes superficies y revistas (entre ellas, CINEMANÍA) por entradas para películas españolas. Según la Fundación Lumiére, el número de estos elementos promocionales superó los 250 millones.

cinecito_paul_hoganEn 1995 un pleno del Ayuntamiento de Zaragoza (“Allí estaba José Luis Borau”) lo declara mascota oficial del Centenario del Cine en España. Entonces, Antonio Mayoralas decide tirar la casa por la ventana. “Me fui a Los Ángeles y compré el Cadillac de Bette Davis y una limusina que había sido de Sylvester Stallone”, nos cuenta el empresario. Cinecito comenzó a acompañar a Carmen Sevilla en su delirante Telecupón, y al año siguiente protagonizó junto a la veterana actriz una cabalgata promocional en la que podía verse a un Cinecito de carne y hueso. “La chica que vestía el traje se llamaba Asunción: llevaba a su lado a un guardaespaldas muy parecido a Steven Seagal”, comenta el creador de la mascota, indicándonos que vestir el traje no era, por entonces, ninguna bicoca. “En el primer modelo, la cabeza pesaba 7 kilos, pero en el que usamos ahora pesa poco más de kilo y medio”, remacha.

cinecito_landa_garciDesde entonces, Cinecito ha desarrollado una amplia vida social, haciendo amistades como las que puedes ver en las fotos de este reportaje. Entre ellas, el mismísimo Pedro Almodóvar (ver foto de cabecera) o el protagonista de Cocodrilo Dundee, Paul Hogan. Lucía Ugena, la secretaria técnica de la Fundación Lumiére y actual intérprete de Cinecito, recuerda con mucho cariño su encuentro con Juan Luis Galiardo en el Festival de Cine Europeo de Castilla La Mancha. En 2002, ya totalmente orientada al público infantil, la mascota representó al cine español nada menos que los Independent Spirit Awards y en los Oscar, codeándose con figuras de Hollywood, pero la Fundación Lumiére no ha podido facilitarnos un testimonio gráfico de dicho encuentro: “Esas fotos las hizo el personal de la Academia de Hollywood”. Sin embargo, con la Academia de aquí, la relación no ha sido tan buena. Según detalla Antonio Mayoralas, “Cinecito no ha estado ni una sola vez en los Goya”. ¿Por qué? “Por celos, porque fue creado por iniciativa privada”.

Pese a todo, Cinecito sigue en activo. Siempre con Lucía Ugena en su interior (“Al principio te parece un poco ridículo, pero te metes en el personaje y a los niños les parece increíble”) desarrolla una actividad que, afirma Antonio Mayoralas, “Seguirá mientras me quede vida y, después, están mis hijos”. Lucía señala que, aparte de los comentarios como “¡Qué feo eres!”, pronunciados por los chavales más creciditos, a los críos les fascina sobre todo “saber si es un Cinecito o una ‘Cinecita”. Y se despide de nosotros con un recuerdo emotivo: “Hicimos una visita al Hospital Virgen del Rocío de Sevilla, y nos presentaron a unos niños que estaban muy, muy mal”, comenta. “Lo normal cuando hacemos las presentaciones es que el personaje sea silencioso, pero puedo decirte que, aquella vez, Cinecito habló”.

Escribe tu comentario

Debes iniciar sesión para comentar en CINEMANÍA

Si no tienes cuenta, puedes crearla en apenas unos segundos.

También puedes iniciar sesión mediante:

Current day month ye@r *