Del drama al gemido: 10 directores que se pasaron al porno

[SÓLO PARA ADULTOS] Cuando el cine 'mainstream' no da para más, incluso los autores de prestigio se adentran en el mundo de la triple X. Lars Von Trier es uno de ellos: ¿quieres conocer a los demás?. Por YAGO GARCÍA

16 de julio de 2011

Como decía José Luis Garci, “¡Qué grande es el cine!”. Y, añadimos nosotros, qué poco dinero da a veces. Claro que, cuando el bolsillo afloja, tanto los auteurs más pretenciosos como los profesionales de la serie B cuentan con una tabla de salvación, aunque esta sea algo pringosa: el cine porno. Porque, aunque no te lo creas, los directores que se han pasado al mundo X en casos de extrema carencia (o por curiosidad artística) son legión, como demuestra este informe elaborado con la inestimable colaboración de nuestro Crítico de Mierda. Pero ojo: aquí no hablamos de los cineastas que, como Fernando Trueba o Stanley Kubrick, expresaron su deseo de rodar un filme pornográfico, sino de aquellos que se han pasado con armas y bagajes a la parte de atrás del videoclub. Sigue leyendo si te atreves: nuestros elegidos te sorprenderán.

Lars Von Trier

Seudónimos porno: ¿Acaso crees que Lars necesita seudónimo?




El drama: Autor de Rompiendo las olas, Bailar en la oscuridad, Dogville, Anticristo y otras películas que han armado mucho revuelo. Últimamente le persigue la polémica por ciertas declaraciones sobre Hitler en el Festival de Cannes.

lars von trier porno

El gemido:El de Von Trier es un raro caso de cineasta de culto que acude al cine X por idealismo. Y es que, en 1998, el danés inauguró Puzzy Power, una división de su productora Zentropa dedicada a la realización de filmes pornográficos para mujeres (All About Anna, foto arriba)y hombres gays. La aventura sólo produjo tres títulos, en los que Lars intervino únicamente como productor (o eso dice él), y concluyó en 2001 con la cinta de temática homo HotMen CoolBoyz. Aún así, el revuelo que organizó la maniobra fue uno de los detonantes de la legalización de la pornografía en Noruega. Hoy en día, bastante hundido, Von Trier se está pensando seriamente volver a la industria X para quedarse.

Aristide Massacesi

Seudónimos porno: Joe D’Amato, Alexandre Borski, Michael DiCaprio…




El drama: Como era habitual en los directores de serie B de los 70, el amigo Aristide dirigió un buen número de películas tan sexys como cutres, entre las que destacan seis (sí, seis) secuelas apócrifas de la legendaria Emmanuelle, con la jovencita Laura Gemser relevando a Sylvia Kristel. Aunque en su producción hasta 1984 hay calenturas como Orgasmo negro, Massacessi se ganó su puesto en el mundo de la spaghetti exploitation gracias a sus títulos gore (Gomia, terror en el mar Egeo) y a la serie inciada por Ator el poderoso (1982), firmada con el seudónimo David Hills y con el cachas rubio Miles O’Keefe ejerciendo como un Conan de saldo. 

El gemido: Cuando, alrededor de 1984, el cine italiano dio un bajón comercial, Massacesi pasó a centrar su actividad en el cine porno. A su producción hardcore de los primeros 80 (Calígula: La historia jamás contada) se incorporaron títulos como El despertar del placer, China & Sex, Aladdin X y un larguísimo etcétera, con hibridaciones gore-sexuales como Holocausto porno. Pese a retornar de vez en cuando a la serie B más normalita (Ator: La espada de Graal, 1990), D’Amato perseveró en la cosa húmeda hasta su muerte en 1999. Según iMDB, su filmografía como director cuenta con 199 títulos.

Gary Graver

Seudónimo porno: Robert McCallum




El drama: Gary Graver es el eslabón perdido entre Orson Welles y el cine porno: colaborador del maestro desde 1970, participó en Fraude, su última obra maestra, y en la inconclusa Al otro lado del viento. Dejó testimonio de esta faceta en el documental Working with Welles.  Por otra parte, desempeñó una maratoniana carrera como director de fotografía (generalmente en filmes de bajo presupuesto) que le llevó a colaborar con Ron Howard en Loca escapada a Las Vegas (1977).

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El gemido: Graver conocía bien el mundo de la serie B y la sexploitation antes de colaborar con Welles. Y, como el autor de Ciudadano Kane no le pagaba ni a tiros, perseveró en estos mundillos como director hasta que, en 1975, creó su identidad secreta de Robert McCallum. Con dicho seudónimo, nuestro hombre firmó la mayoría de sus 138 películas, entre las cuales destaca (por lo delirante) Bárbara la bárbara (1987). Graver siempre tuvo fama de cineasta talentoso en lo suyo, y en los últimos años de su vida (murió en 2006), firmó películas X con su nombre real.  

Jess Franco

Seudónimos porno: Clifford Brown, Lennie Hayden, Betty Carter Mark Kaminski…




El drama: ¿Hace falta presentar al ‘tío Jess’? Bueno, pues allá va: cinemaníaco de pro, músico de talento, enciclopédico conocedor de la historia del cine y currante incansable, el director madrileño ha firmado un total de 192 títulos en su larguísima carrera, siempre rodeado de un equipo leal y con un incondicional amor a la imagen en movimiento.

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El gemido: En 1984, con la llamada ‘Ley Miró’ recién aprobada, Franco aprovechó la ventana que dicha norma abría al cine pornográfico de producción ibérica. La virgen pervertida (con la intervención estelar de Emilio Línder en su reparto) fue su primer trabajo de cariz X, al que pronto seguirían otros títulos, a veces en las coordenadas de la parodia porno como Phollastía y Falo Crest (inspiradas en esas series que os estáis imaginando). Pese a mantener su acostumbrado espíritu de equipo en los rodajes, Jess abandonó pronto la producción pornográfica, y reconoce que dichos títulos no están entre lo mejor de su filmografía.

Roberta Findlay

Seudónimos porno: Anna Riva, Robert W. Norman, Robert W. Brynar, Walter D. Roberts…




El drama: Durante los 60, esta directora y su entonces esposo Robert Findlay firmaron al alimón un buen número de películas softcore (sin sexo explícito) como The Touch of Her Flesh, y trabajos fundacionales del género gore como Snuff (el filme que dio nombre a las supuestas snuff movies, con muertes reales) y Shriek of the Mutilated.

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El gemido: Tras la muerte de Robert Findlay (1975), Roberta se convirtió en, probablemente, la primera directora profesional de cine pornográfico. En sus títulos, tales como El chochete buscón y Fantasex, los entendidos en el asunto afirman encontrar un refrescante toque de lujuria feminista. En 1985, la Findlay se retiró de la producción X, supuestamente debido a que la industria no le perdonó que su biopic explícito de la actriz Shauna Grant mostrase las miserias del negocio. Roberta Findlay se dedicó desde entonces a los slasher y al gore de bajo presupueto hasta su abandono del cine en 1989.

Tim Kincaid

Seudónimos porno: Joe Gage, Mac Larson




El drama: ¿Te suenan Holocausto robot, Cazadores de mutantes o Breeders? A no ser que pasaras más tiempo en el videoclub que en tu casa cuando chaval, probablemente no. Y casi mejor así, porque la obra de este ex actor publicitario, especialista en títulos directos a VHS, causa escalofríos hasta a los más curtidos profesionales de la Videofobia.

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El gemido: Viendo las películas ‘normales’ de Tim Kincaid, te sorprenderá la facilidad con la que el cineasta subvierte uno de los grandes estereotipos de la serie B: si lo normal en el cine casposo es que la primera actriz se quede en cueros a la primera de cambio, en los filmes de nuestro hombre el que acaba luciendo pectorales es el actor principal Ricki Gianasi. Y esto es así porque, desde sus comienzos en el oficio, Kincaid llevaba una doble vida como el director de porno gay Joe Gage. Tras The Occultist (1989), su último título mainstream, nuestro hombre se ha dedicado en exclusiva a los chulazos obreros, destacando en su producción la larga serie The Joe Gage Sex Archives.

Roger Watkins

Seudónimo porno: Richard Mahler




El drama: Como ya hemos visto, un director que quiera hacer carrera en el cine X necesita un buen seudónimo (cuanto más exagerado e inverosímil, mejor) para firmar sus películas. Algo en lo que Watkins era un experto, puesto que para solventar las normas sindicales de EE UU, usó siete nombres falsos en su exploitation gore The Last House on Dead End Street. 




El gemido: Aunque lo de inventarse seudónimos se le daba muy bien, Watkins se quedó con el nombre de un clásico compositor para su carrera pornográfica, que le llevó a trabajar con mitos jadeantes de la talla de Jamie Gillis, Samantha Fox y Vanessa Del Rio en cintas como Un hotel en Nueva York o The Pink Ladies (nada que ver con la pandilla de las chicas de Grease)  El filme más famoso de este cineasta, fallecido en 2007, fue Driller XXX, una pornoparodia del vídeo de John Landis para el Thriller de Michael Jackson: puedes ver un fragmento en el vídeo de arriba.

Jaime Chávarri

Seudónimo porno: Ninguno. Eso es valor.




El drama: Autor inclasificable donde los haya en el cine español, Chávarri ha demostrado su maestría en el documental (El desencanto) y en géneros tan poco cultivados aquí como el musical, en las dos entregas de Las cosas del querer. Camarón, biopic del cantaor con Óscar Jaenada, es su último trabajo hasta la fecha.

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El gemido: Una cena con el director y productor José María Ponce animó a un Chávarri sin proyectos a la vista a rodar una película X. De este modo, en 1988 vio la luz Regalo de cumpleaños, una película de temática sadomasoquista con prácticas de lo más violento en su metraje. El cineasta no se lamenta en absoluto de haber dado este paso, y sólo siente no haber contado con más medios.

Peter Balakoff

Seudónimos porno: Erica Fox, Ted Roter, Pierre Balakoff


El drama: Actor secundario en series de los 70 como El agente de C.I.P.O.L, Balakoff inició su carrera como director en 1965 con una película para niños. The Lemon Grove Kids Meet the Monsters tal era su título, supuso una colisión entre los modos del cine infantil y el género de terror, mucho antes de Buenas noches, señor monstruo y de las marcianadas de Tim Burton.

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El gemido: Cuando vio que alegrar a los peques no daba dinero, Balakoff se convirtió en un pionero del porno, dirigiendo películas hardcore a lo Boogie Nights tales como Hollywood She-Wolves, muchas de ellas con Ron Jeremy en el reparto. Los pornoentendidos alaban la sabia combinación de argumento y ñogo ñogo en sus historias, y hay que señalar que, ya en los 80 y con sesenta y tantos años a cuestas, el director seguía actuando en ellas habitualmente.

Bud Townsend

Seudónimo porno: Ninguno. Otro valiente.




El drama: Veteranísimo (nació en 1921) y padre de familia numerosa (sus tres hijos se dedican al cine), Townsend dirigió infinidad de capítulos de series televisivas y el título de serie B Nightmare on Wax durante los 60.

El gemido: Townsend estaba a punto de cumplir los 60 cuando decidió pasarse al cine X. Y, lejos de facturar una parodia o un filme de metesaca para ganar dinero fácil, el cineasta se jugó el todo por el todo rodando un musical con sexo explícito. El cual, para colmo, adaptaba cierto famoso libro de Lewis Carroll. Hablamos de Alicia en el País de las pornomaravillas, una delicia con más humor absurdo que sexo explícito, a la que todo cinéfilo sin prejuicios debería echar un vistazo alguna vez.

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  • #1 Saltasetas

    Gran artículo.
    Según lei el título en twitter sabía que tenía que leerlo

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