La Guerra Civil Española contada en 15 películas

Tal día como hoy, hace 75 años, comenzaba el golpe militar que acabó derribando al gobierno de la República. Algunas de estas películas dan testimonio directo del conflicto, y otras lo recuerdan desde la distancia: todas merecen la pena. Por YAGO GARCÍA

18 de julio de 2011

Nos guste o no recordarlo, lo cierto es que ocurrió: el 18 de julio de 1936, los generales Franco, Varela, Mola y Sanjurjo, entre otros, lanzaron un golpe militar contra el gobierno de la República Española que desembocaría en tres años de conflicto fratricida. Un conflicto al que el cine no pudo sustraerse, ni siquiera tras el 1 de abril de 1939, cuando un Francisco Franco convertido en cabeza de los sublevados publicó su último parte de guerra. Pero, pese a la creencia popular, los filmes españoles sobre la Guerra Civil no son tantos como parece: como recordamos en nuestro informe sobre películas ambientadas en la República, tras el fin de la censura la mayoría de nuestros cineastas prefirieron centrarse en la posguerra, un período que muchos de ellos padecieron en su juventud.

Pese a todo, la filmografía ambientada en España entre 1936 y 1939 está ahí, y comprende películas de todos los signos ideológicos. Y de diversas nacionalidades, porque (y ahí está el documental Hollywood contra Franco para demostrarlo) cineastas de todo el mundo volvieron sus cámaras hacia una guerra que sirvió de campo de pruebas para las estrategias que habrían de arrasar Europa. CINEMANÍA ha seleccionado 15 películas de ficción que dan una idea (siempre aproximada) del enfrentamiento que convirtió a España en un erial.

Dragon Rapide (Jaime Camino, 1986)


 

Comenzamos por el principio: este filme, que causó alguna pequeña polémica en su día, relata las horas anteriores al golpe militar, cuando Franco (aquí, Juan Diego) y sus compañeros de conspiración preparaban el alzamiento. El título de la película corresponde al hidroavión (un modelo DeHavilland alquilado a una compañía inglesa) en la que el general se trasladó desde Canarias a Marruecos, donde se incorporó al bando sublevado.

Libertarias (Vicente Aranda, 1996)


 

Diez años después del estreno de Dragon Rapide, el director de Amantes nos ofreció una visión de los incios de la guerra desde el bando opuesto… Y desde el género opuesto: Ana Belén y Ariadna Gil representan aquí a las mujeres que combatieron en las milicias anarquistas durante la guerra. Todas ellas sabían que el bando sublevado sólo las veía como esposas y madres en potencia. 

La hora de los valientes (Antonio Mercero, 1998)


 

Cuando quedó claro que el avance de los sublevados era imparable, y que Madrid podía darse por perdida, el gobierno republicano trasladó los fondos del Museo del Prado de Madrid a Valencia, su sede provisional. Pero, como nos cuenta esta película, los responsables de la evacuación se dejaron olvidado algo: un autorretrato de Goya. Será el celador Gabino Diego (anarquista por tradición familiar) quien custodie la pieza, junto a su novia Leonor Watling.

¡Nosotros somos así! (Valentín R. González, 1937)


 

En plena guerra, la organización anarquista CNT produjo un total de 60 películas. La mayoría de ellas eran piezas documentales, pero también hubo sitio para esta rara avis, un musical propagandístico destinado a un público infantil que no estaba para muchas alegrías. Conmovedoramente ingenua (pese al drama que la rodeaba) Nosotros somos así queda como un valioso testimonio.

Sin novedad en el Alcázar (Augusto Genina, 1940)


 

Uno de los hechos bélicos más aprovechados por la propaganda franquista fue la resistencia del Alcázar de Toledo, sitiado por los republicanos en julio de 1936. Para conmemorar la gesta del coronel Moscardó, que prefirió abandonar a su propio hijo a la muerte antes que rendir la plaza, el gobierno franquista encargó esta superproducción, dirigida por el italiano Augusto Genina y rodada en el país de la bota en plena II Guerra Mundial. El filme obtuvo la Copa Mussolini en el Festival de Venecia de ese año: ¿hace falta decir por qué?

Bloqueo (William Dieterle, 1938)


Como hemos explicado antes, los sectores más izquierdistas de Hollywood no permanecieron indiferentes ante la guerra de España. El fenomenal director William Dieterle (Jenny) y el actor HenryFonda unieron sus fuerzas para esta película, que sufrió una azarosa producción y la prohibición de citar expresamente el conflicto. Sólo un rótulo al final de sus créditos animaba a los espectadores a apoyar al bando republicano.

Sierra de Teruel (Andre Malraux, 1945)


El francés Malraux, uno de los intelectuales que lucharon junto a la República, comenzó a rodar este filme bélico en España en 1937, en escenarios naturales y con actores no profesionales. Interrumpida la producción por causas fácilmente adivinables, lo terminó en Francia en 1939, poco antes del final de la guerra. Atenazada por presiones políticas, la película se estrenó de tapadillo 1945 en el país galo, mientras que aquí su estreno se autorizó en 1977.

Tierra y libertad (Ken Loach, 1995)


 

Uno de los momentos más negros de la Guerra Civil fueron los denominados ‘Hechos de mayo’, cuando tuvo lugar una ‘guerra dentro de la guerra’: el Partido Comunista de España (PCE) resolvió a tiros sus conflictos con la CNT y con el heterodoxo POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista) en las calles de Barcelona. Siempre comprometido, aunque raramente objetivo, Loach nos cuenta aquí la ebullición anarquista en Cataluña y Aragón durante los primeros años de la guerra.

Rojo y negro (Carlos Arévalo, 1942)


 

Si Tierra y libertad ofrece una visión de los conflictos en el seno de la República, Rojo y negro refleja aquellos que se dieron dentro del bando sublevado. Porque, pese a pintar a los comunistas como auténticos demonios, esta película sobre la Guerra Civil fue considerada demasiado afín a los principios de la Falange, que no siempre tenían que ver con los del franquismo. Por ello, fue prohibida fulminantemente tras su estreno, y se la consideró perdida durante años.

¿Por quién doblan las campanas? (Sam Wood, 1945)


 

Tras colaborar con el maestro Joris Ivens en el documental Tierra de España (1937), el ex miliciano Ernest Hemingway elaboró una novela sobre sus experiencias en la Guerra Civil, repleta (como bien sabe Woody Allen) de testosterona y egolatría. Gary Cooper se convirtió en álter ego del novelista en este filme, prohibido aquí durante décadas. Justo es reconocer que la película no es ninguna maravilla, y que a la sueca Ingrid Bergman se le da fatal hacer de aragonesa.

¡Ay, Carmela! (Carlos Saura, 1990)


 

En plena Batalla del Ebro, cuando las tropas leales se lo juegan todo a la última carta, un trío de cómicos que actúan para las tropas republicanas se extravía y va a parar a las filas ‘nacionales’. Andrés Pajares, pragmático, decide que la mejor alternativa de supervivencia es volverse franquista, mientras que su partenaire Carmen Maura piensa todo lo contrario. Gabino Diego, tercero en discordia, sufre en silencio.

La vaquilla (Luis García Berlanga, 1985)


¿Una comedia ambientada en la Guerra Civil? ¿Y protagonizada por soldados de una República ya de capa caída? Pues sí: gracias al tándem fatal de Luis García Berlanga y el guionista Rafael Azcona, la idea no sólo funciona, sino que resulta descacharrante, aunque sus últimos minutos exuden tragedia. Alfredo Landa, inolvidable sargento chusquero, y el teniente José Sacristán son los reyes de la función.

El espinazo del Diablo (Guillermo Del Toro, 2001)


 

Nuestro recorrido de película está a punto de acabar: nos hallamos 1939, la República está a punto de caer y un grupo de niños sobreviven en un orfanato, con una bomba sin estallar en el patio y un bienintencionado director (Federico Luppi) tratando de protegerles del horror. ¿Un dramón lacrimógeno? Pues no: la película con la que nuestro mexicano gordo favorito demostró que la Guerra Civil también puede ser el escenario de una historia fantástica. En 2006, con más medios y un reparto igual de demoledor, Del Toro nos entregó El laberinto del fauno, una obra maestra ambientada tras el fin de la contienda.

Vida en sombras (Lorenzo Llobet García, 1948)


 

Si El espinazo del diablo nos recordó a los niños que padecieron la Guerra Civil, esta película de culto recordó (en plena posguerra) que los directores de cine también sufrieron la contienda. Fenomenalmente realizada, Vida en sombras nos muestra a un cineasta vocacional (Fernando Fernán-Gómez) incapaz de abandonar su pasión incluso en medio de la contienda. Pese a su calidad, la película no ha sido editada en dvd.

Raza (José Luis Sáenz de Heredia, 1942)


 

Con la guerra ya ganada, el general Franco no tuvo suficiente con proclamarse “Caudillo de España por la gracia de Dios”: el nuevo jefe de estado sacó punta a sus ambiciones literarias para escribir una novela, con el seudónimo de Jaime de Andrade, que fue prontamente llevada al cine. Salvo la risa floja que da el bigote de Alfredo Mayo, Raza no es una visión especialmente recomendable, pero como documento no tiene precio: su tono ampuloso, triunfalista y lleno de rencor da una buena idea del talante que España tendría que soportar durante los siguientes 40 años.

Un comentario

  • #1 littlememmole

    Faltan las 13 rosas!!!!

  • #2 Darktech

    Las 13 Rosas, Canciones para despues de una Guerra.. hay tantas..

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