Los mejores desnudos masculinos del cine español

Rematamos nuestra antología más caliente y nacional con esta selección de chicos: Javier Bardem, Mario Casas y muchos otros, en todo su esplendor. Por CINEMANÍA

14 de julio de 2013

Lo dijimos ayer, y nos reafirmamos en ello: este calor veraniego nos pone a cien. Tan a cien, de hecho, que tras dedicarle una profusa antología a los mejores desnudos femeninos del cine español hoy repetimos el tema… Desde otro ángulo, eso sí. Porque, aunque a veces se olvide con tanto seno y tanto muslamen de señorita al aire, el celuloide nacional también es un buen lugar para hallar carne masculina en sazón y a plena vista. Así pues, cómo resistirse a rememorar estos vídeos, rebosantes todos ellos con unos desnudos masculinos extremadamente insinuantes: desde los torsos hercúleos de nuestros cachocarnes de referencia, a esos tirillas con encanto que también nos ponen a nosotros. Y, confiésalo, a ti también. Para evitar daños a la salud pública, repetimos nuestro consejo: antes de empezar el repaso de estos clips, asegúrate de que el aire acondicionado está en marcha.

Miguel Ángel Silvestre en La distancia (I. Dorronsoro, 2006)


Miguel Angel Silvestre*La Distancia* por dunzo31

Boxeo, talego, policías corruptos y de sexualidad turbulenta (en este caso, ojo al dato, José Coronado), asesinatos… El cine negro suele jugar con los aspectos más problemáticos de la naturaleza humana, pero la exhibición anatómica que efectúa Silvestre en este filme no plantea ningún problema, sino que aclara un enigma. Y es que, viendo al actor tan cachas y tan en lo suyo, todos entendemos a la Amaia Salamanca de Sin tetas no hay paraíso.

Mario Casas y Yon González en Mentiras y gordas (A. Albacete, D. Menkes, 2009)


Yon Gonzalez & Mario Casas NAKED skinny dip in… por HollywoodXposed

Legislativamente hablando, puede que Ángeles González-Sinde no sea la persona más amada por los internautas españoles. Pero, aun así, su labor como guionista en este filme fue el pretexto para varios despelotes gloriosos. Acompañado por su amor imposible, un Yon González también muy mollar, Casas demuestra que ese tópico según el cual se quita la camiseta en todos sus filmes no es del todo cierto: a veces, como en este caso, también prescinde de los pantalones. 

Carmelo Gómez en Tierra (Julio Medem, 1996)


Carmelo Gómez en Tierra por bujaco2016

Contradiciendo a quienes le tachan de intelectual y elitista, Medem entregó aquí una escena para todos los gustos. ¿Que te gustan las señoritas? Pues ahí tienes a esa Silke tan retozona. ¿Que, como es nuestro caso, buscas caballeros? No problem, porque la parte del león en esta escena se la lleva ese Carmelo racial, luciendo un trasero apetitoso y dejando entrever cierto ‘algo más’ que el pudor nos impide mencionar…. Pero que no nos hubiese importado ver.

Liberto Rabal en Carne trémula (P. Almodóvar, 1997)



Carne trémula

Como todos los genios, el manchego universal sabe aprovechar el momento y hacerlo suyo, aunque sea metafóricamente. Sin ir más lejos, aunque la carrera dramática del nieto de Paco Rabal durase un suspiro, Almodóvar supo captarla aquí en un momento especialmente afortunado: no importa que la agonía de su pasión haga que a Ángela Molina se le queme la fritanga, porque la visión de Liberto, con de esa toalla en equilibrio inestable, puede causar incendios de otro signo.

Alberto San Juan en Los lobos de Washington (M. Barroso, 2009)



Los lobos de Washington

Para el acoplamiento adúltero con la morenaza Vicenta Ndongo, el cartero San Juan prefiere una postura tradicional, contundente y que nos permite apreciar el esplendor de su parte trasera. Para el postcoito, sin embargo, lo horizontal es la mejor opción: de este modo, no sólo puede recibir tocamientos de su partenaire, sino también enseñarnos todo lo demás. Y es que, al abordar un problema, es mejor tenerlo cubierto desde todos los ángulos.

Israel Rodríguez en Clandestinos (A. Hens, 2007)



Clandestinos

A estas alturas, la polémica que acompañó a esta película está olvidada. Por suerte, el potencial erótico de muchas de sus escenas sigue vigente, y de qué manera. En caso de que, como el guardia civil Juan Luis Galiardo, disfrutes de la compañía de chicos con un punto delincuente, este momento de Clandestinos aporta una valiosa lección: mucho cuidado con la cartera.

Miguel Bosé en Lo más natural (Josefina Molina, 1991)



Lo más natural (vídeo 2)

Anunciada como “una historia de amor ecológico” (juramos que es cierto), este filme de la directora de La Lola se va a los puertos hizo honor a su promesa. Porque, efectivamente, en ella podemos ver a Bosé totalmente al natural, sin más vestiduras que la oscuridad y carente del rimmel y los pelucones de Tacones lejanos. Un no premio para ti si, al compartir el pasmo de Charo López, te resistes a entonar el Amante bandido.

José Luis Manzano en Navajeros (Eloy de la Iglesia, 1980)



Navajeros

Dicen que la historia de amor entre De la Iglesia y su actor fetiche fue un asunto trágico, marcado siempre por la heroína. Pasado el tiempo, y fallecidos ambos miembros de la pareja, nos quedamos con sus resultados positivos. Como, por ejemplo, que el avispado de Eloy sacase en pelotas a Manzano a la menor oportunidad, probándonos que aquello de “más rabo que la Pantera Rosa” podía ser una macarrada, pero desde luego no era un farol.

Antonio Banderas y Eusebio Poncela en La ley del deseo (P. Almodóvar, 1987)



La ley del deseo

No sabemos qué pudo resultar más traumático para los españoles de 1987: que Almodóvar entregase una película explícitamente gay, amén de furibunda y melodrámática, o que la pantalla se viese agraciada con las formas de cierto joven malagueño. El cual, todo sea dicho, se había mostrado ya al público de frente y sin esconder nada en Pestañas postizas (1981), una película extremadamente olvidable.

Jordi Mollá y Javier Bardem en Segunda piel (G. Vera, 1999)

En su momento, pareció un sueño. Pero era una realidad, y qué realidad: los dos cachocarnes más deseados de la historia del cine español se desnudaban frente a la cámara. Y no sólo eso, sino que también le daban al ñogo ñogo en una escena a la medida de las fantasías más retorcidas de los varones gays y de ese contingente de chicas, mucho más numeroso de lo que se cree, a las que ver dos chicos en acción les produce un gozo inefable.

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